Pedro Almodóvar de La Mancha y Panamá

La travesía cinematográfica de Pedro Almodóvar: entre el pasado, el presente y el futuro. Un universo posmoderno que desafía y preserva la esencia del cine español

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Retrato del director manchego Pedro Almodóvar. Fotografía de archivo.
Retrato del director manchego Pedro Almodóvar. Fotografía de archivo.

Tuve la ocasión de conocer a Pedro Almodóvar hace ya muchos años; fue en 1994, en una rueda de prensa del Festival de Cine de Gijón. Por entonces, era Juan José Plans quien dirigía esta celebración de la cinematografía. Al concluir el encuentro, me fui con la sensación de haber compartido una tarde con esa entrañable vecina del bloque con la que tomas café, y te cuenta y le cuentas.

Acerca del presente: «Mi ignorancia no es una excusa y asumo, con mi hermano Agustín, toda la responsabilidad que haya o pueda surgir por estar en esos papeles infames». (Declaraciones de Pedro Almodóvar sobre los “Papeles de Panamá”)

Desde “Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón” (1980) hasta “Julieta” (2016) el director manchego se ha mantenido fiel a los principios, evolucionando en las formas, disertando sobre el sentir femenino a través de la práctica continuada de un morador de pieles ajenas.

Del optalidón al antidepresivo de nueva generación, de la “lluvia dorada” de una pubescente Olvido Gara a los ambientes más sofisticados, siempre en busca de la redención. Su cine explora los rincones más folclóricos de nuestro espíritu, logrando concebir un universo personal que gravita en torno a una imaginería posmoderna que alumbra la cultura de esa España cañí de muchos quilates.

Acerca del pasado: «La movida… Fue un modo de vida, y eso no hay cuadro ni película que lo pueda reflejar. Está en la memoria de quienes vivimos esa época. Tengo buenísimos recuerdos, pero no creo que pudiese volver a aquello. Aunque Madrid volviera a ser la misma ciudad que en 1978, no tengo la edad de entonces. No podría llevar el mismo ritmo. Ni el propio Fabio McNamara, que es un mutante, sería capaz de repetir todo lo que hicimos».

La actriz Marisa Paredes dice de Pedro que “sigue siendo un transgresor al que ya no le apetece transgredir con el mismo argumento. A los 30 años, se reía con inconsciencia. Hoy lo hace con ironía.”

Acerca del futuro: «No quiero convertirme en una persona adulta. Esto significa que me toca nacer de nuevo cada día. Nacer cada día está bien, pero con la edad que yo tengo… Supone nacer cada día con menos tiempo por delante. Siempre tengo la esperanza de que haya sorpresas. Mi final me lo imagino como el de John Huston, que poco antes de morir estaba rodando».

En definitiva, creo que Almodóvar es una de esas personalidades singulares que conviene preservar… Supone un importante revulsivo para el menesteroso cine patrio, una industria que jamás ha logrado despegar.

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