Joel-Peter Witkin: la estética del horror

Joel-Peter Witkin, fotógrafo neoyorquino, desafía la belleza convencional. Su arte, influido por genios como El Bosco, fusiona terror y religión con resultados perturbadores. Su vida es un intento de autobiografía visual

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Joel-Peter Witkin, “Above the Arcade” (2013).
Joel-Peter Witkin, “Above the Arcade” (2013).

Hermafroditas, personas deformes, enanos… han posado a lo largo de los años frente a la cámara de Joel-Peter Witkin, en una búsqueda desesperada de la salvación a través del arte.

Joel-Peter Witkin (Nueva York, 1939) se licenció en Bellas Artes en 1974 y consiguió una beca para estudiar poesía en la Universidad de Columbia. Su tesis en la Universidad de Albuquerque trataba sobre fotografía, la rebelión contra lo místico. Tras este trabajo, finalmente se inclinó por el misticismo oriental que tanto le había fascinado desde su viaje por La India. Sus imágenes transitan en el límite entre la vida y la muerte; esa frontera que deja en la imagen una impronta de vehemente expresividad.

Bajo la influencia de maestros de la historia del arte como El Bosco, Velázquez o Botticelli —de ellos extrajo la fuerza expresiva y el equilibrio formal que caracteriza su obra—, Witkin ha conseguido construir una iconografía personal que excluye el concepto clásico de belleza, dando lugar a una estética del horror. Su inspiración en la pintura le acerca a los primeros autores del pictorialismo, como Oscar Gustav Rejlander o Julia Margaret Cameron.

Su imaginería causó un gran impacto en la década de los años 80 del siglo pasado: mezcla de terror, erotismo y sadomasoquismo, nacida a partir de la utilización de personajes imposibles. A Witkin siempre le gustó trabajar con personas únicas: cualquier mito viviente, cualquiera que portara las llagas de Cristo. Aunque pueda resultar contradictorio el creador norteamericano siempre ha querido ser recordado como un artista cristiano, muchas de sus obras apuntan referencias religiosas (“Esposa de Caín”) e imágenes de la historia del arte (“Hermes”).

Su técnica se fundamenta en elaborados montajes de complejas composiciones, a veces difíciles de entender. Siempre sombríos, sus retratos provocan en el espectador sensaciones extrañas y perturbadoras; tanto de rechazo como de desconcertante atracción. Joel-Peter Witkin ha consagrado su vida a cambiar la materia en espíritu, en un intento de escribir una autobiografía visual.

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