¿Y si nos tomáramos la vida en serie?

La importancia espaciotemporal se entrelaza con los recuerdos de programas míticos de la tele, evocando una generación que vivió la transición tecnológica y la añoranza por aquellos años de experiencias compartidas

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Blanche, Dorothy, Rose y Sophia, de la mítica serie de la NBC “Las Chicas de Oro”. Fotografía de archivo.
Blanche, Dorothy, Rose y Sophia, de la mítica serie de la NBC “Las Chicas de Oro”. Fotografía de archivo.

Cualquiera que haya visto un capítulo de “The Big Bang Theory” sabe que el espacio-tiempo es importante. Quien haya visto medio capítulo de “Las Chicas de Oro” conoce que la ingenua Rose Nylund también lo sabía porque siempre empezaba sus historias con un “Saint Olaf 19”. Así que empecemos por el principio de los tiempos, que decía un sinserie como Manolito Gafotas, y aclaremos que quien escribe nació en 1970, tuvo su primera televisión en color en el año 1978 (una Lavis que duró una eternidad), que sólo existían dos canales y que durante su tierna infancia ocupó en su casa el poco remunerado empleo de mando a distancia.

Una vez establecido el tiempo, vamos con el espacio: “Xixón… a beautiful city in the north of Spain”, que era más o menos como empezaba todas mis redacciones en ese inglés que tanto se atragantó a los de mi generación. Es necesario aclarar esto porque siempre hay jovenzuelos insolentes que piensan que Netflix existió siempre y se sorprenden cuando les hablas de los cortes de emisión, de aquellos terribles avances informativos que a tu abuela siempre le producían el escalofrío propio de quien sabe va a escuchar una noticia terrible o el inicio de la tele por la mañana.

Yo pertenezco a una generación que disfrutaba de dos horas a la semana de dibujos animados, a una generación que se pasó meses sin saber quién había disparado al malo más malo de la tele —con permiso del inquietante Falconetti— que era J.R. (Larry Hagman), pese a que el episodio ya se había emitido en Estados Unidos, una generación que conoció el nacimiento de los culebrones matinales, que pasó de llorar con Marco a preguntarse si los ricos también lloran, yo he visto cosas que vosotros, muchachada, jamás creeríais, he visto morir a Chanquete 57 veces, he visto los primeros capítulos de Los Simpson, he visto un campo de fútbol ovalado y un remate de Oliver Atom tardar dos capítulos en llegar a la portería de Benji Price, pero todos estos recuerdos no se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia…

Y así, entre anhelos y nostalgia, se teje la manta de la vida, cada hilera un fragmento de tiempo, cada punto una memoria que se entrelaza con otras, formando el tapiz de nuestra existencia.

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