Andalucía y la caja de Pandora

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En la imagen, Santiago Abascal durante un acto de Vox en Vistalegre, Madrid. Fotografía de archivo.
En la imagen, Santiago Abascal durante un acto de Vox en Vistalegre, Madrid. Fotografía de archivo.

Mucha, pero mucha ingenuidad hay que tener para sorprenderse con la irrupción de un partido ultrarretrógrado como Vox. Máxime en una comunidad, la andaluza, tan ultratradicionalista: de toros, procesiones, faralaes y zeñoritos, como demostraron ser los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán, encausados por uno de los mayores latrocinios económicos al pueblo obrero que dicen representar.

Esta noticia responde a todos los porqués del penoso resultado de las elecciones en Andalucía y evidencia que el progreso es imposible cuando se cree que la democracia consiste sólo en votar emocional, cortoplacista, e instintivamente, como bestias, y no en formarse, informarse, cultivarse, y reflexionar reposadamente antes, para hacerlo adecuada, inteligente y responsablemente, como ciudadanos con visión de futuro.

Y a eso ayuda muy especialmente la brújula que articula toda la cultura, todo el conocimiento, y por ende, nos hará más sabios: la Filosofía, pero eso no interesa.

Por eso quien la desprecia, es despreciable. ¡Qué se jodan los perdedores! Lo malo es que, en el fondo, muy al fondo de la caverna, perdedores lo somos todos. Cada día más paletos, más ignorantes, más perdidos, más miedosos, más fascistas. Y lo seguiremos siendo mientras nos neguemos a madurar, a aprender, a progresar…

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