Costa-Gavras: la crónica de un fracaso

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En la imagen, el director franco-griego Costa-Gavras. Fotografía: Jessica Forde.
En la imagen, el director franco-griego Costa-Gavras. Fotografía: Jessica Forde.

La última película de Costa-Gavras, griego como sabéis, está basada en el libro de un compatriota, Yanis Varoufakis, que fue Ministro de Finanzas en el primer Gobierno de Syriza, que como recordareis acabó como el rosario de la aurora. El filme se llama “Comportarse como adultos” y, aunque todavía no se ha estrenado en España, ya fue motivo de grandes aplausos (y polémicas) en la 67ª edición del Festival de San Sebastián.

En realidad, se trata de la crónica de un fracaso, el del primer gobierno progresista de Grecia y de prácticamente toda la Europa posterior al siglo XX y de las razones por las que fue imposible conformar una política que defendiera los intereses de las clases populares y contraria a las oligarquías mundiales y a los poderes financieros.

Hay que decir que el Ejecutivo de Alexis Tsipras tuvo pocas posibilidades de supervivencia, ya que desde el minuto cero, la oposición derechista griega le trató de boicotear cualquier posibilidad de medidas de carácter izquierdista, porque ya se sabe que los patriotas, siempre que no están en el poder tratan de hacer lo posible y lo imposible por descarrillar al Gobierno, valiéndose incluso de sus propios enemigos nacionales. En España, tenemos ejemplos a raudales.

Luego vino lo de la Unión Europea, pero antes hay que decir que el hostigamiento de la derecha helena a la posibilidad de reconocer a la antigua república yugoslava de Macedonia, porque se llamaba como una provincia de Grecia, fue tal que los constantes ataques a Syriza por parte de los sectores más reaccionarios del país superaron incluso a las recomendaciones de la ONU. Al final, se consensuó que el país se llamara República de Macedonia del Norte, pero para entonces el ejecutivo de Tsipras ya tenía los días contados. Ahora, con la derecha de Nueva Democracia, ni dios ha vuelto a mentar el asunto.

Era difícil, pues, que Syriza tuviera posibilidades de éxito. La enorme presión de la troika y de la derecha económica mundial frenaron el sueño de los griegos, unido a la capitulación del primer ministro; que se entregó con armas y bagajes a la Unión Europea, después, incluso de tener el aval de la ciudadanía que decidió en un plebiscito no ceder a los caprichos de Angela Merkel.

La película cuenta, más o menos, esta historia que acabó mal, aunque algunos aún piensan que no podía acabar de otra manera. El fracaso de Tsipras fue el fracaso de la izquierda griega que prefirió bajarse los pantalones ante la UE a la sangre, sudor y lágrimas, que planteaban los más consecuentes.

Nos quedan enseñanzas de este capítulo de la historia de la izquierda del siglo XXI para no repetir, aunque es complicado salvar los obstáculos que siempre les ponen a los más desfavorecidos para soplar la potente fragua que el hombre libre ha de forjar. Aunque no es conveniente desmayar en los propósitos la dialéctica siempre tiene que ser la de conocer los errores cometidos para no volver a caer en ellos. En mi opinión (y en la de Costa Gavras) tenía razón Varoufakis. Pero ¿si la llega a tener Tsipras? Desgraciadamente, pasarán algunos lustros para dar con la clave.

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