Moloko Vellocet: zumo de leche y sangre

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Fotograma de la película “La naranja mecánica” (1971), de Stanley Kubrick.
Fotograma de la película “La naranja mecánica” (1971), de Stanley Kubrick.

Cuando Stanley Kubrick estrenó la adaptación al cine de la novela de Anthony Burgess “La naranja mecánica” en 1971 —un filme, por entonces, duro, ultraviolento y visionario—, ante el rechazo y escándalo de una parte de la sociedad (empezando por su propia madre) decidió retirarlo de las salas británicas.

Hoy día, no sólo se han cumplido buena parte de sus agoreros vaticinios, sino que, incluso, se han quedado tan cortos que resulta un tanto ingenua y ñoña. El desprecio sistemático a la cultura de una sociedad anestesiada y embebida por el consumo hortera, enferma de aporofobia —que repudia a los pobres, que no la pobreza— incuba el embrutecimiento, violencia y degradación que en la película se muestra edulcorado con una decoración retrofuturista y aderezado con sintetizados e intemporales acordes bethovenianos al apocalíptico modo de un Wagner hitleriano.

Así pues, cobijémonos todos en el diseño-nodriza del Korova Milk Bar, allí la lactancia de la manada neo-masái, infantilizada, involucionada y primitiva está asegurada. ¿Verdad, drugos míos?

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