La historia de un expediente X

29 de abril de 2020
Fotograma del anuncio promocional del Salón Erótico de Barcelona 2016.
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“Garganta profunda” marcó un antes y un después en la historia del cine de entretenimiento para adultos y por eso no sería exagerado calificarla como revolucionaria. Su estreno en el New Theater de Nueva York, el 12 de junio de 1972, supuso el comienzo de un fenómeno que sirvió como implacable evidencia del existir de un género que hasta ese momento sólo era patrimonio de los adeptos del underground más sórdido. Esta película estadounidense —una obra de auténtico culto—, escrita y dirigida por Gerard Damiano y coprotagonizada por Linda Lovelace y Harry Reems, sentó las bases de la pornografía cinematográfica en la cultura popular del siglo XX.

Desde su legalización en España, en 1983, el cine porno tuvo que sortear infinidad de obstáculos para procurarse un espacio vital. Su estigmatización por parte de los poderes públicos con la gran X presidiendo la comercialización de las películas en vídeo o en las salas de proyección, fue el último eslabón de la cadena de inconvenientes con los que el porno tuvo que labrarse su difícil supervivencia. Afortunadamente, en la década de 1990 se produjo un giro hacia la normalización gracias al impulso de una generación crecida bajo el influjo catódico y con la mirada puesta en las manifestaciones artísticas de planteamientos opuestos a los de la cultura oficial.

Todo esto contrasta con las historias decimonónicas del putero borbón Alfonso XIII, quien gozó de una colección privada de cintas pornográficas rodadas a principios de los años 20 del siglo pasado por los hermanos Ricardo y Ramón Baños, según algunas teorías, en célebres prostíbulos valencianos con prostitutas como protagonistas de los sueños salaces del licencioso monarca. La Filmoteca Valenciana custodia hoy en sus archivos tres de estas cintas: “El confesor”, “El ministro” y “Consultorio de señoras”.

Regresando a la modernidad, en 1993 se celebra la primera edición del Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona (FICEB), como consecuencia del surgir de una floreciente industria porno en España. Aunque en su inicio sólo suscitó el interés de algunos medios de comunicación —como propuesta insólita e irreverente— y de no más de 300 visitantes, principalmente profesionales del sector, con el paso del tiempo, el FICEB se convirtió en uno de los festivales más importantes del género en Europa.

La séptima edición del FICEB, que contó con la asistencia de más de 40.000 visitantes, logró reunir a artistas eróticos de todo el mundo y las empresas más importantes, que presentaron sus últimas producciones. Durante cuatro jornadas pasaron por el pabellón de La Farga de l’Hospitalet ilustres de la escena internacional como Rocco Siffredi, Sylvia Saint, Max Cortés, Chipy Marlow y directores reconocidos como Hans Nussbaum, Marc Dorcel, Alain Payet o Luca Damiano.

En 2008, la presión política y la controversia mediática obligan a la organización del festival a replantear el evento. Tras quince años, se traslada por un año a Madrid, luego a Cornellá y finalmente al Vall d’Hebron, donde se sigue celebrando bajo la denominación de Salón Erótico de Barcelona (SAB) con un concepto adaptado a la época actual por un nuevo equipo.

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Carla Sanjuán

Gestora cultural.

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