La mano invisible del Gran Hermano

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John Vanderlyn, “Landing of Columbus” (1847).
John Vanderlyn, “Landing of Columbus” (1847).

El impulso de poseer ha enfrentado la economía contra el hombre. El nuevo imperialismo logró concretar una doctrina mercantilista que degrada la actuación de los gobiernos y da lugar a crecimientos asimétricos en las economías de los pueblos. La globalización refuerza un sistema sexista, excluyente y patriarcal. Las tres personas con más dinero tienen activos superiores a la suma del Producto Nacional Bruto de los 48 países más pobres. En este contexto, las organizaciones pro derechos humanos tildan de grotescas las desigualdades actuales y señalan que con sólo el 1% de la riqueza de las 200 mayores fortunas se podría garantizar el acceso a la educación primaria de todos los niños del planeta. En materia sanitaria las cosas no son mejor. Estudios realizados por la Organización Mundial de la Salud señalan cómo la esperanza de vida supera los 83 años en Japón, 82 en Suecia o 79 en Canadá. En cambio, en 42 países de África no sobrepasa los 50 años. Siete millones de adultos mueren cada año por enfermedades como la tuberculosis o la malaria, que podrían ser prevenidas y curadas con costos reducidos. La mitad de las muertes de niños en países pobres se debe a diarreas y enfermedades respiratorias originadas por la desnutrición. La desigualdad se expresa incluso en elementos tan esenciales como el agua.

La deuda total de los países en desarrollo supera ya los ocho billones de dólares, a pesar de que reembolsan cada año más de 200.000 millones y de que el valor de ese reembolso para el África subsahariana es cinco veces superior a sus presupuestos de salud y de educación.

La concepción del progreso basado en las posibilidades de decisión de los pueblos según su capacidad adquisitiva dentro de un mundo mercantil termina con el ser humano social. La exclusión se formaliza como uno de los principales resultados del modelo globalizador. Construir alternativas es tarea indispensable. Mucha gente en todo el planeta lucha contra las consecuencias de la globalización, y cada vez son más los que se plantean el problema desde su raíz. Si quieres trabajar tú también en este sentido, hay muchas cosas que hacer: difundir la información, apoyar a grupos que están ya trabajando o crear nuevas iniciativas. Lo importante es no cruzarse de brazos.

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