Vivir atrapados en el miedo

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Macarena Olona a caballo en la Feria de Abril de Sevilla. Fotografía: Ana García Romero.
Macarena Olona a caballo en la Feria de Abril de Sevilla. Fotografía: Ana García Romero.

El actual marco socioeconómico hace que vivamos con miedo. Miedo al desempleo, a la precariedad, a no poder pagar la hipoteca, a no llegar a fin de mes. Este miedo, un miedo legítimo, hace que, en muchos casos, la víscera se imponga al raciocinio. Y es ahí, justo en ese punto, cuando la ultraderecha surge con fuerza.

Cuando Santiago Abascal, Macarena Olona o cualquier personaje de su misma estirpe abre la boca no ofrecen soluciones. De hecho, ni las tienen ni las quieren. ¿Por qué? La respuesta es bien sencilla: De hacerlo, tendrían que señalar al oligarca, al especulador, al cacique, al explotador. Es decir, a su gente, a la gente que les está llenando los bolsillos.

Vox se refugia en patrias, banderas, símbolos, tradiciones y gestas del pasado para reducirlo todo a una batalla cultural e identitaria. Y en ese terreno de juego, entre el barro, la mentira, el ruido y la crispación, se mueven como nadie. Y lo rentabilizan, vaya si lo hacen, sólo hay que abrir un poco los ojos para darse cuenta.

Cierto es que no están solos, que tienen de su lado a una prensa que, blanqueándoles día sí y día también, ha conseguido que una parte importante de la ciudadanía, desencantada de todo, les contemplé como una alternativa democrática y, lo que es más grave, una solución a sus problemas.

Debemos alejarnos de esa vorágine de bofetadas verbales y menosprecios a la que nos han llevado y centrarnos, aportando fechas, datos y cifras, en la auténtica realidad de Vox. Y la realidad es que Vox está contra todo: Contra la trabajadora, contra el autónomo, contra la desempleada, contra los servicios públicos, contra los derechos sociales. La realidad es que Vox sólo representa a los privilegiados, a quienes se enriquecen a costa de nuestra miseria.

Ese es el mensaje que cualquier persona que se considere demócrata debe llevar a la calle. Si fracasamos, vendrán tiempos muy difíciles.

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