Balas blancas para la oveja negra

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En la imagen, un migrante desfallecido tras saltar la valla de Melilla. Fotografía: Antonio Ruiz.
En la imagen, un migrante desfallecido tras saltar la valla de Melilla. Fotografía: Antonio Ruiz.

No trataban de invadir o conquistar ningún territorio, solamente huían de la guerra y de la hambruna dejando atrás hogares destruidos y tierras arrasadas por la codicia de los países de un “primer mundo” que no dudan en financiar cualquier conflicto bélico que les permita seguir engordando sus cuentas.

Buscaban una oportunidad y encontraron la muerte. Unos, los más afortunados, murieron en el acto. Otros tuvieron menos suerte: primero los apalearon para después dejarlos agonizar en el suelo. Hacinados como si fueran bestias, como si sus vidas no importaran tanto como las nuestras.

La dictadura criminal marroquí de Mohamed VI habla de una veintena de muertos pero han sido casi el doble. Migrantes asesinados impunemente a las puertas de Europa frente a la impasividad de una comunidad internacional que se mantiene indolente ante estos crímenes y que ni ve ni siente cuando las víctimas no tienen el pelo rubio, la piel blanca y los ojos azules.

Y al frente, como portavoz de la ignominia, el presidente del Gobierno español… impasible ante el horror, defendiendo y jaleando a los asesinos sin mover ni una pestaña. Una vez más, el señor Sánchez ha demostrado ser un miserable, un tipo sin escrúpulos, un adicto al poder que, por mantener su posición social, es capaz de ser cómplice de crímenes de lesa humanidad, como ha sido el caso.

De Pedro Sánchez, que es un psicópata de manual, no esperaba otra cosa, pero lo que realmente me duele es el aliento que le da Unidas Podemos con su inacción. Os comisteis el envío de armas a Ucrania, tragasteis con una traición más al pueblo saharaui y ahora vais a consentir treinta y siete asesinatos.

¿Dónde está vuestro límite? ¿Cuál es la línea roja? ¿Hasta cuándo vais a seguir avergonzándonos? Cada minuto que pasáis apoyando al gobierno de Sánchez es un insulto a nuestra historia, a nuestros principios y a nuestra militancia. Y que nadie me venda la moto de que romper el gobierno es dar paso a la ultraderecha, que al fascismo se le frena con firmeza, rigor y coherencia y no haciendo las mismas políticas que ellos harían si estuvieran gobernando.

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