Cada profesión tiene su miserable

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Edmundo Bal, vicesecretario general de Ciudadanos y abogado del Estado. Fotografía: Eduardo Parra.
Edmundo Bal, vicesecretario general de Ciudadanos y abogado del Estado. Fotografía: Eduardo Parra.

Todos tenemos en la memoria la imagen del abogado del Estado como un hombre sensato, de costumbres tradicionales y vinculado a una idea más o menos conservadora de la defensa de los intereses públicos. Aunque, en realidad, no tengamos mucha idea (yo diría que casi ninguna) de las funciones de esta profesión de cierto prestigio y que contaba con las bendiciones de nuestras madres y abuelas por aquello del servicio al Estado en tiempos de mudanzas y penurias.

Pero resulta que hemos descubierto que Edmundo Bal, el portavoz parlamentario o algo muy parecido de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados, es abogado del Estado y se nos han caído los cojones al suelo y el pedestal se ha quedado vacío, porque nunca se nos ocurrió pensar que un tipo como Edmundo Bal, que vocifera todo lo que puede contra lo que no sean sus principios ideológicos y que siempre mira a la derecha, a veces hasta el extremo último, cuando se trata de una votación en las Cortes, pudiera ser el representante de un oficio respetable, aunque pensándolo bien, todas las profesiones tienen su miserable.

La última hazaña de este hombre fue el interrogatorio policial y melodramático al reciente fiscal general del Estado, que sustituye a Dolores Delgado. Pero esta intervención es sólo un ejemplo de la soberbia con la que este tipo, dizque liberal, actúa en el Congreso de los Diputados, siempre al servicio de su se​ñor y en contra de lo que pueda parecer una persona moderada y centrista.

Siempre pensé que los que se autodenominaban liberales tenían un sentido innato de la libertad y de la tolerancia ante determinadas actitudes que se representan en la sociedad. Nunca creí que un liberal podría corresponder al cliché de una persona autoritaria para la que los que no piensen como él encarnan una actitud intolerante y poco respetuosa con los márgenes de una sociedad democrática.

Os invito a que sigáis las comparecencias y debates en los que participa Edmundo Bal y os exhorto a que me digáis en cuáles ha mantenido posiciones propias de una persona de talante liberal y con la suficiente cintura como para ver el aspecto positivo de una iniciativa que no se corresponda con los postulados de la derecha. Y seguro que no encontraréis ningún ejemplo viable. Yo no pido que el portavoz de Ciudadanos sea un adalid de las posiciones de la izquierda parlamentaria, sino solamente que, de vez en cuando, vote con la izquierda. Pero…

Es verdad que hay mucha gente que engaña con su definición ideológica. La derecha nunca asumió que era conservadora y siempre utilizó el eufemismo de centro-derecha para tratar de confundir al electorado. En muchos países europeos el conservador es un personaje bien visto pero en nuestro país se cree que ser conservador es sinónimo de reaccionario. Con Ciudadanos pasa lo mismo. Creado para convertirse en la cara B del Partido Popular, no ha sabido evolucionar hacia posiciones liberales y así les va, porque por mucho que digan sus militantes tienen tanto de liberales como un servidor de donjuán. Y Edmundo Bal es un claro ejemplo de este inmovilismo ideológico.

Claro que la imagen de los abogados del Estado era otra hasta hace bien poco. Teniendo en cuenta que de este mismo oficio surgieron personajes como Macarena Olona o el actual alcalde de Madrid, más otros líderes políticos que se me atragantan en la memoria, he de convenir en que los profesionales de este oficio que tan buena prensa tuvo entre nuestras abuelas anda un poco despistado y como en “Los caprichos” de Goya parece que los sueños de la razón producen verdaderos monstruos. Y a las pruebas me remito.

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