Salvador Sostres y la disfunción neuronal

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En la imagen, el polémico columnista y tertuliano catalán Salvador Sostres. Fotografía: Alberto Di Lolli.
En la imagen, el polémico columnista y tertuliano catalán Salvador Sostres. Fotografía: Alberto Di Lolli.

Si no conoces a Salvador Sostres no sabes lo que te pierdes. Si no has leído ningún artículo, reportaje u opinión de este ultrarreaccionario que comenzó como independentista catalán de extrema derecha y luego evolucionó (?) hacia posiciones de españolista de extrema derecha, seguro que no has disfrutado de las mejores sonrisas y carcajadas que ofrecen los columnistas patrios, de los que este tipo es un sobresaliente cum laude.

Sostres va de finolis y de bon vivant en todos los aspectos. Presume de gastrónomo y de entender de la mejor cocina catalana, pero según los camareros que le atienden es más basto que la lija del cuatro y su sibaritismo es puro sarcasmo, porque lo que se dice elegancia es una palabra que desconoce.

Bueno, pues Salvador Sostres, que nos deleita con sus cositas en el ABC, acaba de publicar un reportaje sobre el foie en el que acusa a los que reprochan la sobrealimentación de las ocas para que produzcan el exquisito hígado de pato de ser unos ecologistas marxistas que, en cruzada con los resentidos, tratan de impedir que los ricos disfruten del paté como ese alimento se merece.

No lo dice literalmente pero interpreto, a riesgo de equivocarme, que diagnostica a quienes protestan por tan cruel sobrealimentación un odio de clases porque los precios de este producto son tan elevados que sólo los pueden asumir aquellos que disponen de mucho dinero en sus cuentas, a causa de evadir impuestos.

Tengo que reconocer que a mí me gusta el foie. Y mucho. Sabe muy bien con un buen solomillo o simplemente untado en una tostada, pero eso no quiere decir que aliente el maltrato a las ocas por parte de los cuidadores sino todo lo contrario.

Parece ser, y el propio Sostres apunta algo en ese sentido, que los métodos para hinchar los órganos internos de las ocas han evolucionado hacia un trato menos degradante. Yo no lo tengo claro, pero si eso es verdad es un avance considerable en la alimentación del ser humano y de los seres palmípedos.

Lo que no tiene un pase es esa tendencia de los personajes del siglo XIX como Salvador Sostres para culpar al marxismo y a los rojos de toda la vida de enturbiar las digestiones de los grandes señores con digresiones sobre el sufrimiento de los animales. Y como no podía ser de otra manera, el articulista cierra su columna de opinión lamentando el daño que las películas de Disney están causando en las mentes de las últimas generaciones humanizando a los animales. En eso, la verdad, no es muy original.

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