Los odiadores de Irene y Pablo

24 de septiembre de 2022
En la imagen, Irene Montero y Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados. Fotografía: Dani Duch.
En la imagen, Irene Montero y Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados. Fotografía: Dani Duch.

No soy fan de Irene Montero y Pablo Iglesias, tampoco soy militante de su partido. Discrepo con ellos en muchos temas; en unos en la forma y en otros en el fondo. Aún así, tienen mi respeto. Pero, ¿por qué? Porque con errores y aciertos, con éxitos y meteduras de pata, siempre han estado de nuestro lado.

No se han paseado en yate con un narco, no se han sentado en el consejo de administración de una multinacional eléctrica, no han sido partícipes de la gran estafa bancaria, no han gastado en putas y farlopa el dinero destinado a mejorar las condiciones de la clase trabajadora, no tienen cuentas en paraísos fiscales ni comparten harén con ningún jeque árabe. Al contrario, salvo alguna excepción como puede ser la Ley Trans —que para nada comparto— toda su actividad política así como cada una de sus propuestas han sido beneficiosas para el conjunto de la ciudadanía.

Aún así, es terrible el odio y los insultos que reciben de parte de la sociedad española, esa parte que después jalea y reverencia a corruptos y ladrones de toda índole.

Os cuento esto porque hoy por la mañana una compañera me enviaba un post de una página de Facebook en el que, en tono de “humor”, se cargaba contra la pareja, para alegría y alboroto de odiadores y cuñados.

Esta página, que es digna heredera de la cultura de Pajares, Esteso y Las Mama Chicho, rezuma inquina y ranciedad a partes iguales, rinde culto al bulo y al tópico simplón y hace apología continua de la ignorancia y la ordinariez, pero siempre con el mismo fin, que no es otro que el de tratar de ensuciar todo aquello que tenga que ver con la izquierda.

Por esa razón, entre otras, había dejado de seguir sus publicaciones hace ya tiempo. Lo que más me duele es que utiliza el nombre de mi tierra para lograr sus propósitos.

Y no, por ahí no paso. Asturias es sinónimo de conciencia de clase, de lucha obrera, de solidaridad y de cultura, valores que jamás vais a encontrar en La Crónica de Asturias. Ni humor, ni ironía, ni crítica legítima, lo único que hacen sus adminstradores es manchar la imagen de nuestra tierra.

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