Querido camarada Gerardo Iglesias

7 de noviembre de 2022
Gerardo Iglesias, en una rueda de prensa a las puertas del HUCA. Fotografía: J. L. Cereijido.
Gerardo Iglesias, en una rueda de prensa a las puertas del HUCA. Fotografía: J. L. Cereijido.

Gerardo Iglesias tenía apenas diecisiete años cuando, durante “La Huelgona” (la huelga minera de Asturias de 1962), fue detenido por primera vez. En los años posteriores, la vida de Gerardo se convirtió en un calvario: nuevas detenciones, palizas y torturas. ¿Su delito? Enfrentarse a la dictadura franquista y luchar por traer la libertad a este país. Como obrero, como sindicalista y como comunista, que es lo que ha sido siempre nuestro camarada.

En esa condición, fiel a esos principios, y tras sudar sangre en favor de la democracia, Gerardo —histórico líder del PCE y de Comisiones Obreras— acabó siendo uno de los fundadores de IU y ocupando un escaño en el Parlamento español. No creo que haya muchas ni muchos diputados que hubieran merecido tanto llegar a serlo como lo mereció él. No lo creo. Cuando su etapa en política llegó a la recta final, Gerardo no fue a sentarse en el sillón de un consejo de administración o buscó algún cargo que le permitiera vivir “sin dar un palo al agua”. No, no hizo eso, al contrario: El camarada Gerardo, el minero Gerardo, se enfundó la ropa de trabajo y regresó a la mina. Y ahí, como consecuencia de un accidente de trabajo, comenzó su segundo calvario.

El pasado 14 de octubre, Gerardo Iglesias, de quien sabía que tenía graves problemas de salud, reaparecía públicamente para denunciar la situación de la Sanidad Pública asturiana. Atención deshumanizada, falta de profesionales, puestos que no se cubren, listas de espera interminables, externalización y privatización de servicios, etcétera. Es decir: una vergüenza.

El fascismo reventó su cuerpo, la mina quebró sus vertebras y la sanidad pública lo condenó a una silla de ruedas, pero ahí sigue, sin rendirse, dando la cara y poniendo la voz.

Nunca he tenido la oportunidad de hablar contigo, pero ¡qué orgulloso me siento de compartir militancia contigo, camarada Gerardo!

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