Benjamín Netanyahu, el líder político más odiado y amado de Israel. Fotografía: Mostafa Alkharouf.
Benjamín Netanyahu, el líder político más odiado y amado de Israel. Fotografía: Mostafa Alkharouf.

El regreso del sempiterno rey Bibi

8 de noviembre de 2022
Benjamín Netanyahu, el líder político más odiado y amado de Israel. Fotografía: Mostafa Alkharouf.
Benjamín Netanyahu, el líder político más odiado y amado de Israel. Fotografía: Mostafa Alkharouf.

Cada vez que se celebran elecciones en Israel, se pone de relieve la degeneración política en que ha caído ese país, desde su constitución como Estado en 1948 y los fines para los que fue creado, multiplicando su potencial expansionista y terrorista y convirtiéndose de facto en un enemigo de la paz.

Es cierto que el sionismo que propició el nacimiento de Israel es ya de por sí un peligro para los pueblos vecinos porque en su germen lleva el imperialismo y su potencial acaparador.

El genocidio judío y el castigo a los países árabes por su colaboración con los alemanes en la Segunda Guerra Mundial fueron factores que decidieron en la balanza de los países proclives a Israel como Estado, pero su surgimiento como nación resultó menos provocadora de lo que se preveía.

¿Dónde quedaron los kibutz socializantes que promovían los padres fundadores del país en su espíritu? ¿Qué fue de las políticas integradoras de los dirigentes laboristas de primera hora como Shimon Peres o Isaac Rabin, asesinado por los fanáticos ultraortodoxos que hoy son hegemónicos en el país?

El deterioro de Israel como país es inversamente proporcional a su poderío militar y a su intransigencia política. Cuenta además con el abrigo inalterable de las grandes potencias y de los países europeos con mala conciencia, hasta el punto de que sus caprichos territoriales tienen el beneplácito de yanquis y aliados.

La nueva elección de Benjamín Netanyahu como primer ministro no sólo muestra la deriva totalitaria del país, que mantiene en el Gobierno a los radicales que quieren exterminar a los árabes, sino que demuestra la insensibilidad cómplice y la catadura de unos habitantes que han renegado de su condición humana y han apostado por vivir de espaldas a la verdad y a la propia justicia. Su mezquindad les pasará factura.

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