La selección alemana antes de un partido de clasificación para Qatar 2022. Fotografía: Tobias Schwarz.
La selección alemana antes de un partido de clasificación para Qatar 2022. Fotografía: Tobias Schwarz.

El Mundial de la hipocresía

18 de noviembre de 2022
La selección alemana antes de un partido de clasificación para Qatar 2022. Fotografía: Tobias Schwarz.
La selección alemana antes de un partido de clasificación para Qatar 2022. Fotografía: Tobias Schwarz.

Pues claro que es inmoral que en un país donde no se respetan los derechos humanos y en el que para la construcción de los terrenos de juego perecieron de manera inmisericorde centenares de trabajadores se celebre un campeonato del mundo de fútbol, pero es que Qatar pujó más que nadie ante la FIFA para llevarse la competición y dejó un reguero de sobornos y de comisiones tan gigantesco que casi se le puede comparar con la trama Gürtel de nuestro país.

Lo cierto es que no hay país limpio de polvo y paja para poder ser la sede del Mundial. Y si alguien está libre de pecado, que tire la primera piedra. Y me parece que nadie va a querer hacerlo porque si se rasca un poquito, sólo un poquito, debajo de la legislación de cualquier nación encontraremos razones suficientes para negarle la posibilidad de organizarlo.

Que la corrupción ha sido un elemento determinante para que Qatar se haya llevado el gato al agua no lo niega nadie que tenga un mínimo de honestidad. Pero que Estados Unidos, que quedó en segundo lugar porque no realizó los suficientes sobornos para “merecer” el premio, se haya hecho el ofendidito es un poco exagerado. Porque ¿se podría hacer un mundial en un país en el que los derechos humanos brillan por su ausencia, como lo demuestra la cárcel de Guantánamo, donde el Pentágono y la CIA tienen encerrados a una treintena de personas sin juicio ni acusación, sólo porque son de otra opinión política y sus correligionarios les hicieron pupita el 11 de septiembre. Además, los estadounidenses ya albergaron un campeonato del mundo en 1994.

El fútbol ya hace mucho tiempo que dejó de ser un deporte más y se ha convertido en un verdadero negocio en el que quien más tiene más consigue y donde se cobran más comisiones por cualquier nimiedad que en los cárteles de la droga, porque hay mucho aspirante a llevárselo crudo y son varios los factores que se superponen para que las decisiones de la FIFA se tomen en un sentido u otro. La hipocresía es un elemento consustancial a este tipo de actividades deportivas.

A los españoles no nos debería causar sorpresa el asunto de Qatar y las consecuencias de esta decisión cuando llevamos dos temporadas celebrando la Supercopa de nuestro país (con cuatro equipo españoles) nada menos que en Arabia Saudí, merced a un acuerdo entre la Federación Española de Fútbol y el país wahabita por el que alguien se ha llevado un suculento porcentaje. El convenio establece que en Riad habrá Supercopa hasta 2029 a cambio de cuarenta millones por año.

El negocio por la elección de Qatar es de tal magnitud que ha obligado a las ligas de fútbol europeas a paralizar la competición para que los partidos se jueguen entre noviembre y diciembre porque un encuentro en el verano qatarí mataría a muchos jugadores y espectadores a causa de los golpes de calor por las temperaturas existentes en el país. Y es que el dinero tiene una fuerza extraordinaria para doblegar voluntades y el campeonato del mundo permite a algunos engrosar su cuenta corriente de manera extraordinaria. Como diría el expresidente Bill Clinton: «Es el capitalismo, estúpidos.»

Así que no lloréis demasiado por la leche derramada de Qatar porque hay ejemplos a montones, y no sólo en el mundo del fútbol, para fustigarse la espalda cuando se produce un negocio tan especulativo. Dicen los teóricos del deporte que es el mejor modelo para enseñar a los chavales y tratan de que la política esté alejada del esfuerzo y del ejercicio, pero ya veis, Israel, que está en Oriente Próximo juega los campeonatos en Europa, a pesar de que el terrorismo sionista asesina un día sí y otro también a los niños palestinos que les tiran piedras, y en la UEFA Champions League con motivo de la guerra de Ucrania colocan la bandera de ese país en todos los partidos que se televisan, salvo los encuentros del Shakhtar, que está en la región del Donetsk, que tiene una gran mayoría de la población con simpatías por los rusos y esa es la lengua mayoritaria. La hipocresía como forma de vida.

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