Polonia quiere seguir en el siglo XIX

11 de marzo de 2024
En la imagen, el presidente de Polonia Andrzej Duda. Fotografía: Jakub Szymczuk.

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Hay personas que viven en un continuo día de la marmota y mantienen una rutina asfixiante todas las jornadas de su vida. Pero también esta rueda de reiteraciones constantes se dan en algunos países, que fueron populares en determinadas centurias y vuelven una y otra vez a la misma, sin importarles que el tiempo transcurra inexorablemente y les deje en la más absoluta de las retaguardias. Este es el caso de Polonia.

La nefasta influencia del catolicismo en una sociedad agraria con una mentalidad rural en el tiempo en que logró su independencia fue un factor decisivo para que mantuviera a machamartillo sus tradiciones y que sólo con la llegada del comunismo tras la II Guerra Mundial​ lograra avistar una cierta tendencia a la industrialización. Pero sus mentes siguieron en el pensamiento tradicional del campo.

Por eso, Polonia se niega a mantener una posición como el resto de Europa sobre el aborto —y eso que las distintas influencias de sus vecinos lograron que avanzara algo— o persiste en actitudes de hostigamiento hacia la homosexualidad u otro tipo de familias menos convencionales, hasta el punto de que la Unión Europea, organismo al que Varsovia pertenece desde poco después de su salida de la órbita soviética, llamara la atención al gobierno de Andrzej Duda sobre la regresión de determinados derechos individuales.

Polonia está gobernada por un partido de ultraderecha llamado Ley y Justicia y siempre ha sido refractario a medidas avanzadas en materia de derechos individuales. A su acendrado catolicismo une el hecho de que uno de los Papas más reaccionarios de la Iglesia haya sido Karol Wojtyła, que bebe de su excesivo conservadurismo, por lo que todavía siguen con una mentalidad del siglo XIX y muy gustosos de no haber traspasado el umbral de la siguiente centuria.

No sólo es en el asunto del aborto y de la homosexualidad. Sus convicciones sobre el papel de los animales lo reflejan claramente las declaraciones de un diputado del partido del Gobierno que tras la aprobación en España de la reciente Ley de Bienestar Animal aseguró, sin inmutarse y sin que se le cayera la cara de vergüenza, entre la rechifla de los que tuvieron la oportunidad de escuchar sus palabras, que en España se había legalizado la zoofilia.

Cada país es muy libre de tener las convicciones políticas, sociales y religiosas que desee, siempre que no atente contra la libertad individual de quienes no comulgan con los criterios generalizados y puedan disfrutar de su derecho a ser minoría respetada, pero todavía no entiendo cómo se vive en la contradicción permanente de mantener un espíritu tradicional y ultraconservador y pertenecer a un club comunitario donde esas creencias han quedado ampliamente superadas.

No es de extrañar, pues, que las mayores agresiones dialécticas a la ley del “sólo sí es sí” procedan de la eurodiputada polaca Elżbieta Katarzyna, que pertenece a un partido afín al Gobierno de extrema derecha y haya acusado a Irene Montero de algo así como ser el demonio que viene a tentar a los españoles para que pequemos. Queridos amigos polacos, se os respeta, pero permitidnos a los que vivimos en esta gran nación, que diría Rajoy, seguir en el siglo XXI y marchar camino del siguiente.

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