Ramón Tamames, candidato de Vox en la moción de censura contra Pedro Sánchez. Foto: Chema Moya.

El hombre que se desprecia a sí mismo

20 de marzo de 2024

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Ramón Tamames, candidato de Vox en la moción de censura contra Pedro Sánchez. Foto: Chema Moya.

Quedé relativamente sorprendido cuando me enteré de que Ramón Tamames iba a ser el candidato alternativo en la moción de censura de Vox, porque aunque conocía algunas de las historias de la involución ideológica de este hombre no pensaba que podría ser tan de derechas como luego se puso de relieve en la moción y por parte de algunos de los que coincidieron con él durante su trayectoria. Si hasta el falangista asturiano Juan Velarde Fuertes, economista como él, llegó a decir en una ocasión que su colega de profesión era un señor muy de derechas, «aunque no lo sabe todavía.»

Durante su etapa como dirigente comunista, Ramón Tamames era un hombre de declaraciones radicales y de posicionamientos a la izquierda de la dirección del PCE. Fue él autor de aquella célebre frase: “PSOE, 100 años de honradez y 40 de vacaciones”, para explicar la ausencia de los socialistas durante la lucha contra la dictadura y cuando se iba a conmemorar el primer centenario del partido. Sería injusto no reconocer en su trayectoria el talante innovador de sus ideas económicas, cuando su célebre obra “Estructura económica de España” era de lectura obligatoria entre los universitarios españoles de la época y de los primeros años de la democracia.

Después llegó su incorporación al CDS y su participación en la derrota de los socialistas en el ayuntamiento de Madrid que tanto indignó a los viejos militantes antifranquistas. Falta por saber si era cierto su inclusión en el Gobierno de concentración que el exgeneral Alfonso Armada había elaborado para dar un golpe de Estado el 23-F. Santiago Carrillo parece que lo tenía claro, aunque después, entre Tejero y Milans del Bosch jodieron a Armada, al Rey y por lo que se intuye al propio Tamames. A pesar de la petición de aclaraciones, el candidato no dijo ni pío.

La participación del economista excomunista en la moción de censura fue el claro ejemplo de quien opta a esa figura sólo por el deseo de figurar y de saciar su ego, dando la impresión de que se trata de un hombre que se desprecia a sí mismo, a pesar de esa feria de vanidades por la que apostó a petición a partes iguales de Santiago Abascal y otra vieja efigie de los rojos arrepentidos que tanta buena literatura han generado en nuestras letras, como es el impagable Fernando Sánchez Dragó, quien, según sus propias palabras, a tantas jovencitas desvirgó y llevó al Parnaso del orgasmo.

No sé si por su cercanía a los 90 años de edad o porque no quería hacer esfuerzos baldíos, Ramón Tamames no dio palo al agua para defender su moción. Leyó apresuradamente cuatro letras que disfrazó de programa político y ni siquiera contestó a las intervenciones del resto de partidos, algunos de los cuales lo pusieron “como chupa de dómine”. Su mentalidad infantil le llevó a hacer una pequeña trampa al final de la moción, después de que dijera que no pensaba tener su última palabra. Pero viendo que esa oportunidad la aprovechaba Pedro Sánchez, se desdijo y reclamó intervenir para ser el último que cerrara la iniciativa.

Muchos se preguntan (y yo entre ellos) para qué cojones aceptó Ramón Tamames encabezar la moción de censura de Vox si no le hace falta nada, ni en lo material ni en lo económico, salvo algunas pizcas de vanidad. No creo que como dicen algunos, haya sido su ego el que le movió a desacreditarse a sí mismo. Dicen que con su experiencia en esta moción va a escribir un libro para que lo compren los más patriotas de nuestros compatriotas. Pero, por muchos ejemplares que vendan, no alcanzarán nunca la pérdida de desprestigio de este hombre que pudo presumir de haber estado en las cárceles franquistas, pero ahora con su colaboración con los herederos de la dictadura se ha vuelto a despreciar a sí mismo. ¡Pobre hombre!

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