El bullying, un mal que corroe la sociedad

7 de junio de 2023
España es el tercer país del mundo con más acoso escolar: 69.554 casos en 2023. Fotografía de archivo.

Una definición más o menos académica de bullying podría ser: Acoso escolar en forma de maltrato psicológico, verbal o físico de manera reiterada a lo largo del tiempo.

¿Por qué una chica o un chico acosa a otro? Agresividad, demostración de dominio, reflejo de una situación de violencia vivida en el entorno familiar, etcétera. Y… falta de empatía, egoísmo.

¿Quiénes y por qué acosan? Los estudiosos del tema nos dan un perfil y unas características dentro de las cuáles podríamos englobar a un grupo de individuos, cada vez más amplio, que no profesan demasiado afecto ni respeto hacia sus semejantes.

Este grupo también representa a un elevado porcentaje de la población adulta. Sólo hace falta fijarnos en las redes sociales y las descalificaciones e insultos continuos que se producen en cuanto se trata un tema de opinión. O el alto grado de estrés que genera en las personas el hecho de conducir y los “calificativos” que éstas dedican al resto de conductores o simplemente ir a un estadio de fútbol y ser testigo del trato vejatorio que reciben el árbitro, determinados jugadores o los aficionados del equipo rival. Con estos ejemplos quiero resaltar que el bullying está en toda la sociedad, aunque de forma disimulada, maquillado, muchas veces, y en la escuela lógicamente también, aunque se haga bastante, y se hace, para evitarlo.

¿Quiénes son acosados y por qué? Cualquiera que tenga una leve diferencia física o psicológica respecto a la supuesta normalidad. Pero, ¿qué es la normalidad? ¿Qué es lo normal? ¿Realmente hay alguien normal? No lo creo. Con lo que concluyo que cualquier persona puede ser el blanco de las iras de los descerebrados que canalizan su agresividad y frustración acosando a otros.

¿Sabemos detectarlo? Cada vez se dan más pautas, pero a los docentes les resulta difícil hacerlo. El que acosa nunca lo hace delante de un profesor. Se necesita la colaboración necesaria de otros alumnos, los testigos: una inmensa mayoría que algo ve o que algo sabe, pero que no se quiere complicar la vida y mucho menos asumir el papel de chivato, quizás ¿por miedo al propio acoso?

Una vez que el profesor tiene la seguridad de que el problema es real y grave, debe denunciarlo, comunicarlo a otros compañeros y al equipo directivo, y tras esto, surge otro problema: La excesiva burocracia, los protocolos que se abren para investigar el caso que muchas veces se alargan en el tiempo y en ocasiones tienden a proteger a los supuestos acosadores, porque ante todo son eso, supuestos.

Como profesor sé a ciencia cierta que muchos de los problemas de comportamiento o de rendimiento académico que observamos en las aulas comienzan en la casa de esa chica o chico; algunas veces, sólo con hablar con su familia se puede deducir que detrás del problema existe una disfuncionalidad o un hijo olvidado o con falta de atención, aunque esté materialmente atendido.

Creo que hay cuestiones técnicas que las administraciones educativas deben mejorar para agilizar esos protocolos. Pero también creo que a esta sociedad le hace falta una dosis de comprensión, respeto, empatía y conocimiento de los demás.

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