El retorno de los muertos vivientes

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En la imagen, el expresidente del Gobierno español, Felipe González. Fotografía: Juan Carlos Hidalgo.

En las postrimerías del franquismo, creo que en España se estrenó en diciembre de 1970, fue muy popular la película “La noche de los muertos vivientes” (1968), que dirigió el realizador neoyorquino George A. Romero, en la que unos zombis trataban de llevarse al otro barrio al resto del personal que se topaban en su camino y sólo desistían cuando les daban matarile repetido porque eran personas que estaban mal muertas.

Me vienen a la memoria estos zombis cojitrancos cada vez que oigo a ese cadáver político llamado Felipe González haciendo declaraciones totalmente discordantes con la visión del mundo que es consustancial con una mentalidad progresista.

Felipe González debió de pensar toda su vida que la alternativa a su figura era el caos. Tan pagado estaba de sí mismo que despreciaba a todo aquel que no estuviera en su onda y en especial a todos los que le sucedieron en la órbita socialista porque pensaba que no le llegaban a la suela de sus zapatos. Comenzó siendo “Isidoro” y después se convirtió en incoloro e insípido.

Y qué me decís de ese tándem que forma con otro zombi como Alfonso Guerra, también especialista en disparar contra sus propios soldados y en difundir estupideces de sus compañeros de partido. Jugaron a ser poli bueno y poli malo en sus tiempos de esplendor, pero si su espectáculo duró catorce años fue porque lo que venía desde la derecha era un paso hacia el precipicio.

El zombi de González se autodefinió como un jarrón chino cuando dejó el cargo, pero la pieza está llena de tiritas de los destrozos que le causan sus meteduras de pata cuando habla. Se cree, igual que Torcuato Fernández-Miranda pensaba que fue el líder de la Transición y se apeó en marcha tras varios fracasos, que es el mejor presidente de la restauración democrática y a media que pasa el tiempo su legado presenta cada vez más agujeros imposibles de tapar.

Sólo pueden acabar con estos zombis resucitados cuando dejen de creer que sus tonterías son palabra de Dios. Yo no pido que González y Guerra se callen la boca para siempre porque va contra la libertad de expresión. Sólo quiero que cuando hablen digan cosas sensatas y no desbarren. Pero no harán ni puto caso, claro.

Su última aportación al absurdo fue desautorizar a su sucesor Pedro Sánchez y pedir que deje gobernar a la lista más votada. No hace falta decir que piensa que será la del Partido Popular. Tanta pérdida de neuronas para que España se vaya a la derecha y él no pierda sus privilegios de oráculo fantasmal.

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