Junk food: la trampa de la comida infinita

11 de septiembre de 2023
En la imagen, el actor y presentador del programa “Man vs. Food” Casey Webb. Fotografía de archivo.
En la imagen, el actor y presentador del programa “Man vs. Food” Casey Webb. Fotografía de archivo.

La comida basura o junk food está conformada por un grupo de alimentos de enorme aceptación entre el sector más joven de la población como son las hamburguesas, los aros de cebolla, el pollo frito, los perritos calientes, las pizzas, la bollería industrial o las bebidas carbonatadas. Se trata de productos con un aporte energético desequilibrado cuyo abuso puede afectar de manera perjudicial a la salud: una ingesta supera la mitad de calorías necesarias al día. Las frituras, los rebozados y los empanados son las técnicas que más se utilizan en este tipo de comida, la cual se prepara con ingredientes formulados para lograr cierto sabor o consistencia y detener o atenuar el deterioro causado por la presencia de diferentes tipos de microorganismos. Estos procesos requieren un alto grado de ingeniería alimentaria; la utilización de aditivos y tratamientos que alteran de forma sustancial el alimento respecto a su estado original y reducen su valor nutricional. A modo de ejemplo, las hamburguesas: estas presentan una desequilibrada tasa de nutrientes con un alto porcentaje de proteínas (20-25%), exceso de grasas (40-50%) y una falta notable de hidratos de carbono (30%).

De la comida basura nos atrae la glucosa y la grasa. Se trata de un instinto básico; cuando el hombre primitivo cazaba para subsistir, pudiendo pasar algunos días sin comer, buscaba alimentos ricos en grasa para asegurarse las calorías necesarias.

Más del 90% de los niños norteamericanos comen en McDonald’s al menos una vez al mes. Un cuarto de la población adulta visita cada día un restaurante de comida rápida. El americano medio come tres hamburguesas y cuatro raciones de patatas fritas a la semana. Dos tercios de las mujeres americanas sufren problemas de sobrepeso y obesidad frente al 75% de los varones. En pocos años, estos hábitos dañinos se han extendido a la mayor parte de los países europeos.

El consumo habitual de productos de cadenas como McDonald’s, Burger King o KFC aumenta los niveles de colesterol y sodio, eleva la tensión arterial, produce daño al hígado y provoca incremento de peso. Esta sintomatología se puede agudizar con la aparición de episodios depresivos y un bajo deseo sexual.

Entonces, ¿por qué si la obesidad causa más muertes que el alcohol o el tabaco no se actúa con más rigor contra sus causas? ¿Cómo consiguen las multinacionales de la comida basura atraer a los niños? ¿A quién se le ocurrió incluir hamburguesas y Coca-Cola en los menús escolares de los Estados Unidos?

La comida con grasa multiplica el riesgo de padecer cáncer en el futuro. Para evitarlo deberíamos seguir una dieta saludable: más proteína vegetal y menos grasas y proteínas animales, más cereales integrales, legumbres, frutas, verduras y hortalizas así como limitar el consumo de sal y azúcar y realizar de forma regular ejercicio físico.

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