Crónica de la destrucción del espíritu humano

21 de octubre de 2023
Un joven palestino entre los escombros tras un bombardeo sobre Gaza. Fotografía: Mohammed Abed.
Un joven palestino entre los escombros tras un bombardeo sobre Gaza. Fotografía: Mohammed Abed.

El espanto se ha instalado en mi sesera. Me levanto antes de que la alborada asome, repaso la prensa digital —como es norma en mí desde hace décadas—, y soy incapaz de asumir tanto horror como nos circunda. Insisto en que estamos acercándonos de manera muy peligrosa a la animalidad y que hemos olvidado individualmente y como sociedades lo supuestamente aprendido durante milenios.

La tanda de líderes políticos, financieros, religiosos y mediáticos que nos han tocado en suerte en esta azabache estadía que atravesamos, utilizando el poder destructor de la fuerza de las armas, ha conseguido que la palabra haya perdido su función —que no es otra que la de comunicarnos, la de entendernos—. Y todo en favor de ladinos, arteros y bochornosos intereses, que están dejando un reguero de muertos inadmisible. Una vez más, otra, multitud de seres humanos caminan sedientos y hambrientos e incomprendidos y sin calor alguno, por los senderos del mundo que sólo conducen al infierno, a la negrura, ese pozo oscuro de la inanición y la desesperanza.

A la ciudadanía sólo nos queda morir por una bandera, una ideología, una religión o unos intereses crematísticos, que sólo engordan las cuentas bancarias de los que andan ocultos tras las bambalinas del proscenio manejando los hilos de las marionetas que somos: Ganado con el que mercadear.

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Paco Huelva

“Al albur de los días”

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