Hablemos de genocidio y no de conflicto

4 de noviembre de 2023
Una mujer palestina tras un ataque aéreo israelí contra edificios en Rafah. Fotografía: Mohammed Abed.
Una mujer palestina herida tras un ataque aéreo israelí en Ráfah. Fotografía: Mohammed Abed.

A lo que ocurre a nuestro redor hay que llamarlo por su nombre y dejarse de zarandajas, sobre todo, cuando de un comportamiento anuente o en su caso, autorizado y apoyado de forma diplomática por quienes pudieran detener la sangría de inocentes, de población civil acorralada, asustada y medrada por la fuerza de las armas y por la destrucción masiva e inmisericorde, aumenta diariamente engrosando una lista interminable de mártires (y sí, he utilizado la palabra adecuada), que además sólo puede conducir al envenenamiento de la sangre y de la mente de los familiares afectados por tales barbaries.

Es indiscutible que a los grupos terroristas como Hamás u otros de la misma calaña, hay que desarmarlos, detenerlos y encarcelarlos después de que hayan sido juzgados sus miembros ―hasta ahí podríamos llegar en Estados que se hacen llamar democráticos y en los que los gobiernos nacen de la participación ciudadana en elecciones libres―.

Pero, lo que está haciendo Israel, apoyado de forma contundente por Estados Unidos de América, Gran Bretaña y Europa, sin excepciones ―y ahí también está España, la actual, la del PSOE, Sumar y sus aliados en el Congreso de los Diputados― tiene otro nombre, se llama genocidio, exterminio racial, crímenes de guerra y ocupación de un territorio por la fuerza de las armas, utilizando el señuelo de que sufrieron ataques de un grupo terrorista. Esa razón, que condeno sin paliativos, no puede ser la causa que origine la matanza indiscriminada de la población civil en Gaza y en Cisjordania al menos, y tampoco la destrucción de todo un territorio váyase usted a saber por cuáles motivos, que los habrá y espero que lleguen a conocerse. El primer ministro Benjamín Netanyahu es responsable máximo, junto con los servicios de información israelíes y el ministerio al que pertenezcan, de no haber sabido controlar un ataque tan sangriento como el cometido por los terroristas de Hamás y sus aliados. Y ahora, además, es responsable de miles de muertos palestinos, entre ellos un buen montante de niños, a razón de una media de 155 diarios desde que comenzó la contienda, si no he dividido mal los datos que se conocen por el momento.

Una salvajada que Occidente está consintiendo, itero. Un horror. Pero, uno, que ya tiene una edad, espera impaciente poder ver a Netanyahu sentado en la Corte Penal Internacional (CPI) por tales sucesos. Al igual que quienes dirigen desde el exterior a grupos como Hamás. Igual.

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Paco Huelva

“Al albur de los días”

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