Exclusión de Israel de Eurovisión 2024

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Noa Kirel, representante de Israel en Eurovisión 2023. Fotografía: Sanjin Strukic.

En apoyo a la proposición no de ley presentada por Podemos el 2 de febrero en el Congreso de los Diputados, con el fin de debatirla en el Pleno y solicitar la expulsión de Israel del próximo Festival de Eurovisión debido a sus acciones genocidas contra el pueblo palestino, suscribo la presente petición dirigida al Ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, y a Radiotelevisión Española, la entidad pública encargada de la gestión del certamen en nuestro país.

Aunque algunos podrían argumentar que esta solicitud carece de relevancia en el contexto de un certamen centrado en la música, Eurovisión ha soportado históricamente una gran carga geopolítica, reflejando así la hipocresía de Europa. Concebido en 1955 por la Organización del Atlántico Norte, estructuró sus inicios a partir del festival francés de bandas militares Les Nuits de l’Armée.

Cabe destacar que Eurovisión trasciende lo meramente musical para adentrarse en lo estrictamente político. La participación de países ajenos a la Unión Europea y el patrón de votación en la fase final, donde países cercanos tienden a votarse entre sí, evidencian la politización del certamen, convirtiéndolo en un intercambio de parabienes alimentados por intereses políticos.

Radiotelevisión Española, como miembro de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) que organiza el evento, debería, desde una perspectiva ética, promover, junto con otras emisoras públicas de la UE, la expulsión de Israel del festival, siguiendo el precedente establecido con Rusia después de su invasión a Ucrania.

Es relevante señalar que la posición privilegiada que tiene España dentro de la estructura organizativa del Festival se remonta a 1961. Desde ese año y de manera ininterrumpida la representación española ha actuado siempre en la gran final. España ha ganado dos veces Eurovisión: la primera vez fue en 1968 y la segunda, en 1969. Massiel se alzó con la primera victoria y Salomé fue la siguiente en ganar.

En un comunicado de diciembre de 2023, la UER afirmaba con total desfachatez que Eurovisión siempre ha sido un evento apolítico que une a espectadores de todo el mundo a través de la música. Sin embargo, dada la responsabilidad de Radiotelevisión Española como servicio público, debe asegurarse de que su participación en Eurovisión promueva la diversidad en lugar de respaldar a un Estado acusado de genocidio ante la Corte Penal Internacional.

Adicionalmente, es esencial mencionar el doble rasero de la organización de Eurovisión al vetar la participación de Rusia desde 2022. Esto se suma a lo sucedido en la edición de 2019, donde los representantes de Islandia exhibieron la bandera palestina durante la emisión del certamen en Tel Aviv, siendo finalmente sancionados. Además, Islandia, Finlandia y más de mil músicos suecos pidieron la expulsión de Israel del certamen de este año.

Por lo tanto, quiero instar al Gobierno de España a:

I) Posicionarse claramente en contra de la participación de Israel en Eurovisión.
II) Que el Ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, promueva junto con otros países de la UE la expulsión de Israel del certamen.
III) Que Radiotelevisión Española, como miembro de la UER e integrante del grupo de referencia de Eurovisión, colabore con otras emisoras públicas para la expulsión de Israel del festival, siguiendo el precedente establecido en el caso de Rusia.

Pese a que Israel no es un país europeo, su participación en Eurovisión ha sido controvertida desde 1973. Aunque la UER justificó su inclusión porque la emisora de radiodifusión pública israelí era miembro de esta organización internacional, la cuestión se plantea nuevamente este año. El certamen está programado para celebrarse en Malmö entre el 7 y el 11 de mayo, con la presencia de 37 países y la ausencia de Rumanía. Las bases del concurso permiten la participación de países miembros plenos de la UER y miembros asociados, como Australia.

Estas consideraciones revelan que Eurovisión, lejos de ser un acontecimiento apolítico, está inmerso en cuestiones geopolíticas carentes de ética, lo que exige una revisión del modelo de festival.

Agradeciendo de antemano la atención prestada a esta solicitud y confiando en que España, como defensora de los principios constitucionales y los valores cívicos, tome medidas significativas en este asunto, exhorto a las autoridades pertinentes a considerar el ruego presentado con el fin de garantizar que la participación de nuestro país en Eurovisión refleje una coherencia ética y promueva la diversidad, al tiempo que abogue por una revisión más profunda del modelo ético del acto.

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