Pongamos que hablo de Manuel…

Manuel García-Castellón, juez controvertido, intenta bloquear la ley de amnistía con argumentos peculiares. Su parcialidad levanta críticas, mientras que la derecha busca encarcelar a Puigdemont a cualquier coste
2 de febrero de 2024
En la imagen, Manuel García-Castellón, juez de la Audiencia Nacional. Fotografía: Sergio Pérez.
En la imagen, Manuel García-Castellón, juez de la Audiencia Nacional. Fotografía: Sergio Pérez.

Anda por los tribunales un tipo vestido con toga y puñetas que se empeña en descabalgar al Gobierno y a sus aliados con instrucciones que tienen tal surrealismo argumental que mueve a risa si no fuera porque para sus colegas de profesión de la misma ideología reaccionaria es un ídolo. Ahora se empeña en bloquear la ley de amnistía con los planteamientos más peregrinos, pero su obsesión no tendrá premio. Lo que hace este individuo es lo mismo que masturbar a un muerto. Puede sacarlo de la caja, desabrocharle la bragueta y frotar con ímpetu las partes pudendas del cadáver, pero no logrará que fluya nada. Con gran pesar de su corazón, el perdón a todas las víctimas del juicio del procés será una realidad más tarde que temprano y el juez tendrá que envainársela para terminar sufriendo un ataque de melancolía. Siguiendo al gran Joaquín Sabina, pongamos que hablo de Manuel…

Es el mismo sentenciador que persiguió de manera inmisericorde a los integrantes de Podemos y que, a pesar de los requerimientos de sus superiores orgánicos, continuó con sus expedientes alocados, sin que, gracias al sentido común de algunos togados, llegaran a nada, salvo a un ataque de tristeza del puñetero y a levantar sospechas entre la ciudadanía sobre su independencia. Pongamos que hablo de Manuel…

También se negó este señor que, digámoslo ya, se trata del juez Manuel García-Castellón, a imputar a la ex secretaria general del Partido Popular y ex presidenta de Castilla-La Mancha, Dolores de Cospedal, en el caso “Kitchen”, pese a que sus superiores le instaron a ello en un par de ocasiones. Pero, ¡que si quieres arroz, Catalina! De momento, la señora de la mantilla sigue sin ser procesada, algo que tampoco les ocurrió a Esperanza Aguirre y a Cristina Cifuentes, por los casos de corrupción en que se ha visto inmerso el Partido Popular. Pongamos que hablo de Manuel…

Y por si alguien se escandalizara ante la arbitrariedad de García-Castellón, salen a la palestra los más caducos de la órbita conservadora del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) a advertir a los ciudadanos y a los políticos de izquierda que ya está bien de afear las conductas de determinados magistrados y para rematar, el presidente okupa, Vicente Guilarte añade: «Por favor, rebajen la tensión. Déjennos en paz». Pues han de saber los avalistas de este togado que criticaremos a los jueces cuando nos salga de los cojones y no aceptamos chantajes de organismos fuera de circulación.

En la trayectoria judicial de Manuel García-Castellón hay interpretaciones sobre casos de supuestos delitos que son, cuando menos, sorprendentes, pero aunque la jurisprudencia permita cierta discrecionalidad a quienes dictan sentencia, es curioso que los puntos de vista siempre coincidan con los intereses de la derecha y de los postulados conservadores.

Corren fuertes rumores de que García-Castellón ha encontrado indicios de que el cantante Nino Bravo no falleció en un accidente de tráfico en 1973, sino que fue asesinado por Carles Puigdemont porque no se podía tolerar que un cantante valenciano interpretara su repertorio en castellano, en vez de en el idioma de los Països Catalans. ¿Esta información os suena a broma? Pues leeros los autos de este juez de la Audiencia Nacional y sabréis lo que es un chiste. Y no os cuento las risas que nos estamos echando con las ocurrencias de otro togado: el barcelonés Joaquín Aguirre, que liga la declaración de independencia de Cataluña con la influencia de la Rusia de Vladímir Putin. ¡Espectaculares razones para que no haya amnistía!

La derecha española tiene como único objetivo, aparte de descabalgar del poder a Pedro Sánchez, que Puigdemont sea encarcelado sea como sea, aunque sólo esté en prisión cinco minutos. Pero con tal de humillar, cualquier cosa vale. Después, algunos señores de la Ley saltarán a nuestra yugular negando que eso de la instrumentalización de la Justicia no existe y que el acoso judicial es un invento de los que no quieren que los jueces sean personas independientes y de orden. ¡Vaya tropa!

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