Una muestra más de la pluralidad de España

El Partido Popular gana en Galicia, aunque pierde dos diputados. Además del rechazo a la ley de amnistía, el triunfo refleja el continuismo y el conservadurismo político ampliamente arraigado en la región

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Alberto Núñez Feijóo y el nuevo presidente de la Xunta, Alfonso Rueda. Fotografía: David Mudarra.

He visto, oído y leído unas cuantas interpretaciones sobre los resultados electorales en Galicia, variadas y a menudo interesadas. Sin embargo, considero que todos estos análisis ofrecen una visión valiosa de la realidad política del país. Los datos son claros y orientan los puntos de vista. El Partido Popular ha obtenido otra vez la mayoría absoluta, y creo que la pérdida de dos diputados puede atribuirse al desgaste natural que suelen experimentar los gobiernos en el poder.

El argumento de que el triunfo de los conservadores ha estado ocasionado por el rechazo de Galicia a la ley de amnistía parece bastante simplista, ya que no se refleja un aumento exponencial en el número de votos hacia sus listas; por el contrario, el partido ha perdido dos escaños. Es posible que haya personas que votaran al PP motivadas por ese criterio, pero tal vez debamos buscar los motivos del apoyo absoluto a Alfonso Rueda en el carácter continuista de muchos votantes y en la tendencia mayoritaria hacia el conservadurismo entre los gallegos, en especial influenciada por el voto rural tradicionalista.

Escribo este artículo más de una semana después de la cita electoral, a la espera de conocer si el voto exterior, que ya fue escrutado en su totalidad, podía modificar el resultado final, ya que estaba en juego el escaño de Democracia Ourensana en batalla con el PSOE. Sin embargo, el empuje de los apoyos a los socialistas no fue suficiente para cambiar el veredicto final de las urnas.

Además, es importante destacar la debacle de la candidatura de José Ramón Gómez Besteiro, que perdió cinco diputados. Muchos de los votos fueron “prestados” al Bloque Nacionalista Galego (BNG), que se presentaba como la opción más preparada de la izquierda para derrotar al PP. De hecho, los nacionalistas gallegos fueron los vencedores morales junto al Partido Popular en estos comicios, sumando seis diputados más. Sin embargo, aunque Democracia Ourensana también logró aumentar su representación, quedó con un escaño insignificante para la gobernabilidad, a pesar de su intención de influir en la región y de estar dispuesto a apoyar a la izquierda si fuera necesario.

La decisión de concentrar votos en la candidatura con más posibilidades impidió que ni Sumar ni Podemos obtuvieran actas de diputado, ya que muchos de sus posibles apoyos se dirigieron a las listas del BNG. Esto ocurrió a pesar de que el ego y el cainismo de algunos políticos junto con la discordia dentro de la izquierda hicieran imposible una colaboración entre ambas formaciones. Además, es importante considerar el impacto de las palabras del fundador de la formación morada, Pablo Iglesias, quien sugirió apoyar a Ana Pontón, lo que dejó a la candidata de Podemos, Isabel Faraldo, en una situación política difícil. Por otro lado, es interesante observar que Podemos recibió menos votos que el Partido Animalista. Por su parte, la ultraderecha de Vox no logró obtener representación en el Parlamento gallego, quedándose también a la luna de Valencia.

La izquierda gallega no ha logrado desbancar al PP del Gobierno de Santiago de Compostela. Sin embargo, creo que esto no se debe a cuestiones derivadas de la polarización nacional, sino a la configuración sociológica propia de esta comunidad. Históricamente, los gallegos han tendido a votar presidentes de derecha, desde Gerardo Fernández Albor hasta Alberto Núñez Feijoo, pasando por el incombustible Manuel Fraga. A excepción de los períodos de Fernando González Laxe y Emilio Pérez Touriño, los votos de los gallegos han favorecido siempre a la derecha.

Esa es una prueba más de la España plural en la que los territorios y su propia historia inclinan la balanza de las urnas hacia un lado o hacia otro. Aunque la unidad y la uniformidad del país pueden ser difíciles de alcanzar, la diversidad política refleja la riqueza de nuestras regiones. El próximo 21 de abril, los vascos están convocados para elegir el Parlamento Vasco en Vitoria, y es probable que los nacionalistas, ya sea el PNV o EH Bildu, sean los vencedores. En Euskadi, el Partido Popular será un partido irrelevante, pero esto no significa nada a nivel nacional. Del mismo modo, el triunfo del PP en Galicia no debería llevar a los populares a echar las campanas al vuelo en la madrileña calle de Génova.

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