El mayor hito informativo de la historia

En 2010, WikiLeaks sacó a la luz documentos clasificados sobre crímenes y abusos del ejército de Estados Unidos. Hoy Julian Assange afronta las consecuencias de haber publicado esa información secreta

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Una policía militar estadounidense ofrece agua a los prisioneros de Guantánamo. Fotografía de archivo.

En 2010, WikiLeaks hizo públicos más de 400.000 documentos sobre la guerra de Irak, 90.000 sobre la guerra de Afganistán, 800 de la prisión de Guantánamo y más de 250.000 cables diplomáticos de Estados Unidos, según reportó la BBC.

Gracias al trabajo de Julian Assange, director y redactor jefe de WikiLeaks, el Tribunal Supremo de España reconoció el desamparo de la familia del reportero gráfico José Couso por parte del “Estado español” —un estúpido eufemismo para encubrir a cuatro políticos con nombre y apellidos que firmaban los correos filtrados a la opinión pública—, demostrando el absoluto desprecio del PSOE y del Partido Popular hacia el asesinato del cámara español, llegando incluso a modificar expresamente la legislación de justicia universal en nuestro país para que este crimen quedara impune.

La responsable de esas filtraciones fue Chelsea Manning, una oficial de inteligencia del ejército de los Estados Unidos, que descubrió varios vídeos en los que se veía cómo sus compañeros asesinaban a sangre fría a periodistas y población civil durante la invasión de Irak en 2003. Tras contemplar semejantes atrocidades, decidió ocultar durante meses un disco regrabable en su reproductor de música, en el que iba extrayendo todos los datos que posteriormente serían difundidos por WikiLeaks.

Manning fue encarcelada y sometida a torturas. La obligaron a permanecer desnuda en una habitación blanca con la luz encendida las 24 horas del día, mientras que cada dos horas a través de un altavoz le preguntaban: “¿Estás bien?”. A pesar de los múltiples intentos de suicidio, Manning logró sobrevivir hasta que finalmente fue liberada.

Julian Assange, cuyo trabajo fue utilizado por los medios de comunicación de todo el mundo, hoy malvive aislado y psicológicamente hundido desde el 11 de abril de 2019, fecha en la que fue recluido en una prisión de máxima seguridad en el Reino Unido por la publicación de la información mencionada.

En 2009, Assange recibió el premio Amnistía Internacional Reino Unido a los Nuevos Medios. Al año siguiente, fue galardonado con el Sam Adams Award y nombrado Persona del año por los lectores de la revista TIME. Además, en una encuesta de editores en Postmedia Network, seis de los diez sondeados confirmaron que su labor había ejercido una profunda influencia en la forma en que se percibe y se comunica la información. Ese mismo año, también fue nombrado Persona del año por el prestigioso periódico francés Le Monde. En 2011, fue honrado con el premio de la Fundación para la Paz de Sídney y el premio de periodismo Martha Gellhorn, destacando su capacidad para revelar la verdad detrás de la propaganda y las mentiras oficiales. Asimismo, recibió el premio Walkley por su sobresaliente contribución al periodismo.

En la actualidad, Julian Assange se encuentra inmerso en un juicio de extradición que podría llevarlo ante la justicia estadounidense. Se enfrenta a una petición de 175 años de cárcel por haber dejado mundialmente en evidencia a “la tierra de la libertad”. Además, existe una preocupación evidente sobre su destino una vez sentenciado, ya que las prisiones de Estados Unidos son conocidas por las convenientes muertes de testigos clave en extrañas circunstancias.

Mientras tanto, la cobertura mediática sobre el mayor hito informativo de la historia de la humanidad es cuando menos curiosa. La cadena BBC News sigue de cerca el caso mediante conexiones en vivo, mientras que el periódico The Times informa a través de emisiones matinales en internet. Sin embargo, en España, la televisión pública ni siquiera lo menciona, dedicando más tiempo a trivialidades como el nuevo peinado o las ocurrencias del futbolista de moda.

La flagrante muestra de falta de compromiso por parte de nuestros medios de comunicación y de sus propios compañeros, ante un profesional de semejante calibre, es un atentado contra el propio espíritu periodístico y el derecho a la información más básico.

¿Cuándo informarán a los 48.592.909 de ciudadanos del territorio español sobre la situación actual del mayor hito informativo de la historia, que incluso llevó al Tribunal Supremo a dictar sentencia? ¿Dónde están los periodistas de nuestro país cuando se les necesita? Estas, podrían ser algunas de las preguntas sin respuesta de un gremio cuyo silencio los hace cómplices. ¡Libertad para Julian Assange!

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