Los recortes chinos: un desafío para la salud

Los recortes sanitarios en China están generando dificultades para los más vulnerables. Es crucial que el gobierno reevalúe su estrategia para asegurar un bienestar equitativo y accesible para todos los ciudadanos

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Xi Jinping, presidente de China y secretario general del Partido Comunista. Fotografía: Ju Peng.

Resulta contradictorio que el régimen chino haya aprobado una normativa para que el Partido Comunista de ese país tenga una mayor hegemonía en la vida de la sociedad, mientras que los habitantes sufren una serie de recortes en materia sanitaria que afectan de manera notoria a las personas más vulnerables, que no pueden hacer frente a otras medidas alternativas asequibles sólo para personas con suficiente dinero.

Es curioso que las denuncias por las restricciones sanitarias decretadas por los países del orbe occidental, que han generado tantas críticas entre los elementos más concienciados de estas naciones, no hayan supuesto demasiado éxito en las protestas, salvo que las políticas públicas hayan sido asumidas por los partidos más progresistas o aquellos que defienden la prioridad de lo estatal y de lo de todos sobre las ambiciones de las iniciativas privadas más contundentes.

En cambio, no esperábamos de China una posición tan restrictiva en cuestiones relacionadas con las reducciones sanitarias, posiblemente porque pensábamos que el régimen de Xi Jinping era un aliado de los pobres. Quizás éramos demasiado utópicos al respecto. También asumíamos que esta situación representaba una oportunidad para que el capitalismo recuperara el terreno perdido durante la guerra civil china, iniciada en 1927, cuando se inclinó del lado de los comunistas bajo el liderazgo de Mao Zedong.

El Gobierno de Pekín ha argumentado que la eliminación de los recursos que sus ciudadanos tenían hasta ahora para hacer frente a los problemas de enfermedades y prevención sanitaria se debe a los gastos ocasionados por su política de “Covid Cero”. Como es ampliamente conocido, fue allí donde se dio a conocer el coronavirus SARS-CoV-2 y se propagó por todo el mundo. Dado el inmenso número de habitantes en China en comparación con otras regiones, la responsabilidad que los seguidores de Xi Jinping argumentan para justificar sus recortes tiene ciertos visos de verosimilitud.

No tengo intención de enmendar la plana al actual gobierno chino, pero estoy convencido de que una sensibilidad de izquierdas no puede dejar al albur de la situación económica la inseguridad del pueblo porque existen prioridades en función de la ideología y de la sensibilidad que tengan los responsables gubernativos que para eso son los que dirigen la política de su país, pensando siempre en el bienestar de sus habitantes y de sus territorios, porque no es lo mismo la salud de los que viven en aldeas remotas que los que residen en las ciudades más populosas de la China continental.

Además, el recorte ha originado las protestas de un amplio sector de la población que se encontró de la noche a la mañana con un déficit en sus condiciones de vida, algo así como lo que nos pasó a los españoles cuando la administración del Partido Popular de Mariano Rajoy prefirió dar prioridad a los intereses de los bancos y de las empresas multinacionales que a las necesidades legítimas de los ciudadanos españoles, que se encontraron de súbito con menos recursos de los que poseían.

No sé cuánto durarán los recortes en China y ni siquiera tengo claro que se ponga fin a esta situación algún día. No voy a ser tan ingenuo como para pensar que la potenciación del Partido Comunista que plantea su presidente sea una solución adecuada a esta crisis, pero es más que evidente que el país tiene que variar el rumbo, porque sus estrategias en el exterior hasta ahora han sido exitosas, para que su población pueda disfrutar de las excelencias de una vida que afecte a todos por igual, sin que haya diferencia entre los que más tienen y los que menos.

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