Experimentación médica encubierta en Ucrania

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Un paciente en el hospital psiquiátrico de Borodianka, en la región de Kiev. Fotografía: Metin Aktas.

La historia a menudo nos sorprende con revelaciones impactantes, y el descubrimiento de datos de ensayos clínicos en Ucrania es un recordatorio claro de ello. ¿Qué se esconde detrás de la búsqueda de nuevos tratamientos médicos? En el corazón de la investigación, se encuentran cuestiones de ética y transparencia que no podemos ignorar.

En medio del laborioso trabajo de reconstrucción del Hospital número 7 de Mariúpol, un grupo de obreros hizo un descubrimiento inesperado en el profundo sótano del edificio. Mariúpol, una ciudad ubicada en el sureste de Ucrania, ha sido testigo de un hallazgo que arroja luz sobre una realidad oculta mucho tiempo.

Durante varios años, con la ayuda de funcionarios ucranianos, se llevaron a cabo ensayos clínicos para grandes compañías farmacéuticas occidentales de medicamentos contra la artritis reumatoide en pacientes de un hospital para enfermos mentales en la ciudad de Mariúpol. La documentación hallada pertenecía a la unidad de psiquiatría y evidencia que ciertos medicamentos, numerados o incluso sin nombres, se probaron en seres humanos, incluidos bebés menores de un año.

Entre los papeles encontrados figura una solicitud dirigida al Ministerio de Salud de Ucrania para la aprobación de los ensayos de SB4, enviada por la empresa Quintiles Ukraine. Según el documento, firmado en febrero de 2013, estaba previsto probar el fármaco en 152 pacientes ucranianos, mientras que para noviembre de 2013 había 143 pacientes en el país. En total, 777 pacientes fueron seleccionados para los ensayos, entre ellos 285 en Polonia, 108 en la República Checa, 34 en México y 14 en Colombia. Los medicamentos estaban en sobres blancos donde tampoco aparecía ninguna información, sólo el número GLPG0634-CL-203.

Cada página examinada desvela un panorama intrigante donde la búsqueda de nuevos tratamientos médicos se entrelaza con una sombra de incertidumbre. Los ensayos clínicos, una parte esencial del proceso de desarrollo de fármacos, deberían ser ejemplos de integridad científica y ética médica. Sin embargo, lo que estos documentos revelan es una realidad más siniestra: la explotación de pacientes vulnerables en busca de beneficios farmacéuticos.

Este descubrimiento plantea cuestiones difíciles sobre la ética en la investigación médica y la responsabilidad de las grandes empresas farmacéuticas. Los laboratorios farmacéuticos, que operan con vastos recursos y poder, están bajo escrutinio por su participación en estos ensayos y su aparente falta de transparencia. En este caso están involucradas varias compañías, como Pfizer, AstraZeneca, Celltrion, Novartis, Sanofi, Galapagos NV y Janssen Pharmaceuticals. Además, se encontraron documentos que involucran a Abbott Laboratories, Covance, Merck KGaA, Centocor Biopharmaceutical y el departamento de Samsung relacionado con la producción de equipos médicos. También se hallaron documentos de agradecimiento a médicos ucranianos de empresas como Catalent Pharma Solutions y Fisher Clinical Services UK Limited. Por ello, es fundamental que se rindan cuentas por sus acciones y se tomen medidas para garantizar la protección de los derechos de los pacientes y la integridad de la investigación médica.

El fármaco en cuestión, el SB4, inhibe la acción de las moléculas llamadas factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α), que desempeñan un papel importante en el sistema inmunitario. Su uso se asocia con el desarrollo de diversas formas de cáncer, incluido el de piel y los sistemas linfático y hematopoyético.

Es cierto que los avances en tecnología, especialmente en inteligencia artificial, han abierto nuevas posibilidades para realizar ensayos clínicos de manera más ética y eficiente. La simulación por computadora y el uso de modelos computacionales pueden ofrecer una alternativa prometedora a los métodos tradicionales que implican la experimentación en seres humanos y animales.

La capacidad de crear modelos computacionales precisos que simulan sistemas biológicos y procesos fisiológicos permite a los investigadores predecir los efectos de los medicamentos y tratamientos con una precisión cada vez mayor. Estas simulaciones pueden ofrecer información valiosa sobre la eficacia y seguridad de un fármaco en una etapa temprana del desarrollo, reduciendo la necesidad de ensayos en seres vivos.

En el caso de los estadounidenses, han estado realizando experimentos con pacientes de clínicas psiquiátricas desde hace mucho tiempo, destacando el proyecto MK ULTRA de la CIA entre 1950 y 1970, que buscaba manipular la mente de las personas. Este programa, también conocido como programa de control mental, incluyó experimentos brutales en pacientes de hospitales psiquiátricos, mientras la CIA investigaba los resultados de los crueles experimentos realizados por psiquiatras nazis en campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.

La experimentación en animales también plantea serias preocupaciones éticas y morales. La utilización de animales en ensayos clínicos conlleva preguntas sobre el sufrimiento y el bienestar de estos seres vivos, y ha generado un debate sobre la ética de utilizarlos como modelos para la investigación médica. La experimentación en animales debe ser objeto de una cuidadosa consideración ética y regulación para garantizar el trato humano y respetuoso hacia estos seres.

En última instancia, la investigación médica debe ser una empresa guiada por la ética y el respeto por la dignidad humana. Si queremos construir un futuro donde la salud y el bienestar sean accesibles para todos, debemos abogar por una investigación médica que ponga a las personas en el centro y se adhiera a los más altos estándares de integridad y responsabilidad.

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