El infernal vertedero de los seres humanos

El colonialismo, aparentemente, cesó en la década de los años sesenta del siglo pasado, pero dejó secuelas. El Reino Unido, desafiando fallos judiciales, envía inmigrantes a Ruanda en lo que supone una actitud infame

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Rishi Sunak promete deportaciones a Ruanda pase lo que pase. Fotografía: Toby Melville.

El colonialismo empezó a extinguirse, aparentemente, en la década de los años sesenta del siglo pasado, cuando el Comité Especial de Descolonización de la ONU comenzó a exigir la independencia para los países que dependían de las metrópolis que hasta entonces eran dueñas de territorios en otros continentes. Así, países de África, Latinoamérica y del Extremo Oriente dejaron de ser tierra fértil para las potencias subyugantes y pasaron a vivir de forma autónoma. Sin embargo, corrió la noticia de que fue peor el remedio que la enfermedad, y muchas naciones retrocedieron a tiempos previos a su soberanía.

Dije aparentemente y lo reitero, porque la pobreza estructural en la que cayeron numerosos países debido al expolio de los colonizadores se convirtió en pasto de explotación para los más desaprensivos. Estos utilizaron el territorio que antes había sido suyo para que lo siguiera siendo, pero sin las supuestas obligaciones de las potencias administradoras, las cuales se volvieron más ávidas y codiciosas en la nueva situación.

Si hay una nación más depredadora que otras en materia colonial, aunque hacer una clasificación de este tipo sea bastante problemático, diría que sí la hay: sería el Reino Unido, es decir, la Inglaterra de toda la vida. Lo que los españoles siempre hemos llamado, entre el desprecio y la envidia, la pérfida Albión, que utiliza su Commonwealth (Mancomunidad Británica de Naciones) como excusa para seguir perpetrando sus tropelías con el mando a distancia.

Ahora, el Reino Unido ha decidido utilizar su antigua colonia Ruanda como vertedero humano, enviando allí a los inmigrantes sin papeles que no pueden ser deportados a sus países de origen debido a la falta de documentación, para alojarlos allí, lejos de la metrópoli porque el número de personas que consideran ilegales es insostenible, y el Gobierno británico piensa que estarán mejor en países africanos. Esta acción flagrante muestra signos de racismo y parece estar respaldada por acuerdos legales, ya que se ha firmado un documento con Kigali, la capital del país africano, aceptando esta custodia y aprovechándose de su superioridad política y militar.

La deportación de inmigrantes a Ruanda fue invalidada por el Tribunal Supremo de Gran Bretaña, entendiendo que no se podía enviar contra su voluntad a estos sin papeles a países donde estarían desarraigados y podrían enfrentar acciones contrarias a los principios que una democracia asentada, como la británica, debería defender. También aparentemente, claro.

Como a las potencias con ínfulas les da igual lo que digan los tribunales, el primer ministro de Gran Bretaña, Rishi Sunak, ha hecho caso omiso de la sentencia y la ha vuelto a plantear con retoques mínimos, con el objetivo de sortear el fallo judicial. Aún no se sabe qué opina el Supremo británico sobre esta tomadura de pelo, ya que el caso está pendiente de resolución judicial. No se descarta que vuelva a pronunciarse en contra, quizás con una colleja dialéctica incluida.

Lo curioso es que Sunak, descendiente de inmigrantes de origen hindú, se sitúa en la órbita de los círculos más conservadores de la ideología tory, cumpliendo a la perfección el dicho español de que “no pidas a quien pidió, ni sirvas a quien sirvió”. Por eso, las personas más sensatas del Reino Unido han llevado a la práctica el aforismo y no votarán por Sunak, aunque les prometa gozar de las cien mil huríes, como si fueran inmigrantes musulmanes.

Lo peor es que el caso del Reino Unido podría extenderse a otros países —España está a la espera de cumplir una sentencia de la Audiencia Nacional que exige la devolución a territorio español de un deportado ilegalmente—. Esto significa que el vertedero de los seres humanos podría ampliarse a cualquier otro país africano que no tenga los recursos suficientes para oponerse al capricho de las metrópolis. A medida que el mundo se globaliza, el cinismo de algunas naciones se vuelve cada vez más despreciable.

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