Un camarero cuida cada detalle en la terraza de una cafetería. Fotografía: David Zorrakino.

Camareros: el verdadero corazón de la hostelería

La labor del camarero, aunque no sea glamurosa, es vital y solicitada. Sin embargo, los profesionales del sector enfrentan menosprecios y exigencias. En Finlandia, una solución equitativa beneficia a trabajadores y clientes
21 de mayo de 2024
Un camarero cuida cada detalle en la terraza de una cafetería. Fotografía: David Zorrakino.

No es, probablemente, el oficio más glamuroso de todos, pero es el que más noticias concita en los medios de comunicación sobre su futuro y sus carencias. Y es que la profesión de camarero es la más necesaria, la más solicitada y también la que más desconsideración recibe por parte de la sociedad.

Los camareros son necesarios porque su oficio permite que muchos ciudadanos disfruten del ocio y encuentren un respiro en un bar para sobrellevar el estrés de la vida. Son los más deseados porque su contribución es esencial para muchas empresas y para que la mayoría de los hosteleros puedan llevar adelante sus proyectos laborales.

Pero son también los que sufren más menosprecios: no se les remunera adecuadamente, cotizan por menos horas de las que realmente trabajan y algunos clientes junto con muchos propietarios les exigen esfuerzos de jornadas y horarios que exceden lo estrictamente legal.

El escaso respeto que muchas personas tienen hacia los camareros se refleja en la exigencia de que trabajen más horas por el mismo salario, ya que a sus mercedes les encanta tomar copas hasta que salga el sol sin preocuparse por el bienestar de quien les atiende, y otros lo aprueban siempre y cuando no tengan que pagarles más.

¿Se puede complacer a unos y a otros y respetar la labor que desarrollan estos profesionales? Al menos en países como Finlandia han encontrado una solución que beneficia a todos. A una hora determinada de la noche, creo que son las diez, pero incluso podría ser antes, las copas cuestan el doble de su precio habitual. El dinero va a parar a los bolsillos de los camareros y sólo un porcentaje va al dueño, con lo que los que quieran hacer horas extras están en su derecho de hacerlas… y de cobrarlas. Aún así, para que los trasnochadores no se empalmen, hay una hora definitiva de cierre. ¿Probamos la medida?

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