Un hombre espera noticias de su hija, entre los escombros de Rafah. Fotografía: Mohammed Abed.

La humanidad fracturada: una esperanza robada

La vida, efímera y diversa, se enfrenta a las injusticias. La desigualdad, marcada desde el nacimiento, refleja una humanidad fracturada. Es hora de detener el odio y la violencia, y recordar la importancia de la igualdad
23 de mayo de 2024
Un hombre espera noticias de su hija, entre los escombros de Rafah. Fotografía: Mohammed Abed.

Torrentero elemento que busca la tierra es la vida. Transitorio y fugaz destello. Sueño fallido de eternidad. Siempre guijo pese a sus variadas formas. Efímera estadía, aunque fuere profunda mientras dura.

Si agradable o dolorosa, poco importa a los que ejercen el liderazgo de los pueblos. Y tal que cada día tiene su afán, cada existencia una historia única e irrepetible. Pero, para desgracia del ser humano, la cuna en la que se nace imprime un sello, una especie de código de barras que nos diferencia a unos de otros.

Y esa desigualdad, en cuanto a los derechos que debieran ser inalienables a todo ser humano, abre socavones de injusticias en cualquier lugar del orbe en el que uno se detenga y pose la mirada con cierto esmero. Porque no se puede luchar contra el azar. Porque no es lo mismo tener la piel blanca que negra. Nacer hombre que mujer. Disponer de una sanidad, una educación, una asistencia a la dependencia… pública o privada, o, en su caso, carecer de las mismas porque no existen.

Y ya está bien de mirarse el ombligo ante cuestiones tan elementales. Y no está bien que Marruecos, Túnez, Mauritania y otros países estén recibiendo fondos de la UE para detener y abandonar en el limbo de los desiertos a personas en tránsito hacia Europa porque huyen del hambre, de dictaduras execrables o de guerras fratricidas.

Y a los del discurso del odio que se reunieron hace unos días en Madrid, hay que darles a la fuerza cucharadas grandes de democracia o generarán poco a poco un mundo insoportable partido en dos: el de los arios y el de los otros. Y ya está bien, itero, de repetir la Historia una y otra vez. ¡Ya está bien! Es más necesario que nunca recordar. Nuevamente estamos poniendo los gobiernos del mundo en manos de dementes. Y los ejemplos puede elegirlos usted, porque a nuestro alrededor están naciendo como setas actitudes fanáticas y xenófobas que no deberíamos consentir o caeremos de nuevo, una vez más, en el horror.

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