Al Albert Rivera flaco, todo son pulgas.

Albert Rivera, presidente del partido político Ciudadanos desde su fundación. Fotografía de archivo.

Últimamente a Albert Rivera y a su partido, Ciudadanos, no le salen las cosas como les gustaría. Disensiones internas, crisis de ideología y lo que es peor, el menosprecio de los que deberían ser sus socios europeos. El líder naranjito debería pasar el agua o recibir algún hisopo de bruja para eliminar el gafe, porque al pobre hombre no le pasan más que cosas indeseables para su gente.

Iba a escribir que Rivera desde hace poco tiempo no da una a derechas, pero eso es precisamente la causa de sus males, que las da todas a derechas y ninguna a la izquierda y que su mantra de partido centrista y moderado se ha roto en mil pedazos, lo que ha servido para dejar expedito el flanco político en el que trabajaba.

Su reiterada negativa a llegar a acuerdos con el PSOE de Sánchez (salvo en Castilla-La Mancha) ha sido un placer para las bases socialistas, pero sus avalistas del Ibex 35 se temen muy mucho que el presidente del Gobierno se escore hacia Unidas Podemos porque no le dan otra opción.

Pero lo que ha sacado de quicio a los simpatizantes de Ciudadanos ha sido su estúpida confrontación con Manuel Valls, su candidato en Barcelona, a costa de los votos que le dio a Colau para ser alcaldesa, a cambio de nada. Como la alternativa era investir de alcalde a Ernest Maragall, de Esquerra Republicana de Cataluña, los pro Ciudadanos lamentaron la incoherencia del líder y su estéril enfrentamiento con el que fuera primer ministro francés.

Esta desquiciante formulación política de la cúpula de Ciudadanos le llevó a recibir una bronca de órdago del presidente francés, Emmanuel Macron y a la advertencia de sus colegas de grupo europarlamentario de mandarlo a hacer puñetas si seguía en sus trece y, por supuesto, a no cobijarlo en sus escaños.

Aunque al Rivera flaco ahora todo le son pulgas, no es nueva la soberbia de este líder político cuando se refiere a sus cuestiones de ideología. Hace algún tiempo originó un rechazo de las rentas más bajas al preferir reducir impuestos a los más ricos que aliviarles la fiscalidad a los más pobres. Ni se arrepintió de aquello ni planteó ningún acto de contrición, si bien en su programa electoral para las pasadas elecciones de abril, hizo una larga cambiada que parecía una falsa rectificación.

Me da la sensación de que Albert Rivera está ya amortizado y que sus jefes naturales piensan ya en su sustitución en el Podemos de derechas, como definió a Ciudadanos el banquero Josep Oliu. No sólo por las salidas de Toni Roldán, Javier Nart o Juan Vázquez, ni por la reprimenda en un artículo de Francesc de Carreras, uno de los fundadores de la organización, sino porque sus objetivos se han quedado muy lejos de las aspiraciones y el partido no ha sido rentable. Y ya sabemos que para los dueños del IBEX 35 la rentabilidad es el primer mandamiento de su religión.

Texto: Vicente Bernaldo de Quiros.

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