martes, 18 de septiembre de 2018

Aporofobia, una cuestión de clases.

En la imagen, Jacob Rothschild. La Casa Rothschild y los Rockefeller controlan la banca mundial. Fotografía de archivo.

No, no es buenismo. Tampoco diatribas de pijos progres. Ni ilusos en mundos de gominola. Es simple cuestión de humanismo, de compasión, de fraternidad, de ver más allá del puto ombligo. Todos, de uno u otro modo, fuimos, somos y seremos emigrantes.

Antes que por sus logros hay que valorar justamente a las personas por sus intentos. Pero parece que hoy sólo se aplaude a los emigrantes ricos. Triunfantes. Tal vez meros explotadores, o tramposos sin escrúpulos.

De los pobres, que acaso lo siguen siendo, más que por su capacidad y limitaciones, por no renunciar a su ética, o no rebajar su dignidad, no se acuerda ni dios. Estos parece que se marcharon a “hacer el indio”. Los otros, ostentosamente opulentos, que volvieron a “hacer el indiano”.

Texto: Miguel Aramburu.

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