Barcelona: historia, modernidad y futuro.

Vista general de la ciudad de Barcelona desde el Parque Güell. Fotografía de archivo.

El modernismo es un estilo que ha marcado profundamente a la Ciudad Condal, con un signo diferencial que va más allá de la simple estética. Sus calles son como un gran museo en el que las vidrieras, los mosaicos y otros elementos permiten reconstruir los años transcurridos entre la Exposición Universal de 1888 y la primera década del siglo xx; época en la que el modernísimo se convirtió en un arte cotidiano que ayudó a Barcelona a crecer y conseguir que cualquier objeto cotidiano pasara a ser arte. El gran Antonio Gaudí desarrolló la mayor parte de su obra en Barcelona: el Parque Güell, La Sagrada Familia, La Pedrera y Casa Batlló, entre otros edificios ideados por el arquitecto reusense que hoy son elementos esenciales del paisaje urbano.

Se dice que Barcelona es la ciudad más europea del Estado español, porque siempre ha estado abierta a nuevas corrientes y descubrimientos. Esto se percibe en su desarrollo y en la forma de vivir y pensar de sus habitantes. Es una población de profundo carácter cosmopolita. Si hay una palabra que la pueda definir es modernidad. Barcelona es historia y modernidad. Barcelona cuenta con uno de los puertos más activos del mar Mediterráneo, lo que la convierte en algo más que la capital de Cataluña. Esta metrópoli de intensa vida cultural, comercial y recreativa ha experimentado importantes transformaciones urbanísticas en las últimas décadas, como consecuencia de las obras llevadas a cabo para los Juegos Olímpicos de 1992, con lo que el número de visitas turísticas se ha multiplicado desde entonces.

Barcelona es bastante grande, una urbe de largas distancias, pero de fácil orientación gracias a la disposición de sus calles. Éstas son cuadriculadas, lo que facilita mucho la orientación del viajero. No se puede visitar Barcelona sin ver el Barrio Gótico, una de las zonas más antiguas e interesantes. Es muy probable acabar “perdido” en sus sinuosas calles, pero los muchos bares de tapas y los pequeños cafés hacen del paseo un acto placentero. En el Barrio Gótico hay innumerables tiendas antiguas especializadas muy recomendables: cuchillerías, cererías, gemólogos, pasamanerías, plumas, sombrereros, herboristas, etcétera.

Barcelona es el centro del diseño a nivel estatal. De esta manera, la moda se convierte en uno de los alicientes a la hora de salir de compras. Existen además muy buenas tiendas de decoración, arte y antigüedades; no hay que perderse el Mercado de la Boquería —el más grande y mejor abastecido de toda Europa—; el Mercat dels Encants, repleto de antigüedades, ropa, cestería, ferretería, libros…

Texto: Patricia Peláez.

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