viernes, 18 de septiembre de 2020

Sobre la doble polaridad de las formas.

Marina Abramović y Ulay se reencuentran en el MoMA de Nueva York en 2010, después de 23 años. Fotografía de archivo.

Pensaba yo que la conciencia del artista sobre sí mismo, si fuese adecuada, sería esencial para la propia supervivencia del artista. Recordé a este propósito cierta exposición que hizo Eugenio Trías en la Universidad de Oviedo cuando polemicé con Gustavo Bueno, su presentador, al surgir tangencialmente cierta cuestión y reivindicar yo para el artista la condición de sujeto.

Gustavo Bueno trató entonces de disminuir el valor de mis razonamientos señalando que lo importante era la obra. Aunque el contexto era muy diferente, la posición de Bueno me recordó la respuesta que A. Ayer me remitió estando yo en Ronda como profesor de filosofía en un patronato militar: ¿qué hacía yo allí? Esto es otra alambicada cuestión de los 80.

Le respondí entonces a Gustavo Bueno que cuando un artista no se percibe a sí mismo como sujeto este hecho repercutía negativamente en su obra. Añadí que el tipo de conciencia que rechazaba el carácter de sujeto para el artista le perjudicaba tanto al artista como a la obra. La respuesta de Bueno exclamando con fuerte voz ¡como si son monos! fue una expresión muy típica de su dialéctica para imponerse animalísticamente en algunos escenarios. Sin embargo, resultó más sorprendente cuando habló luego del dinero para explicar la génesis del arte. Como en aquel momento no pude evitar cierta expresión de disgusto, tal vez en atención a ella suavizó sus términos hablando del dinero como la gasolina en un motor. Son situaciones circunstanciales de un coloquio. Me parece que Bueno mantenía una relación muy sensible con el público que le escuchaba.

Las posiciones de Bueno pueden ser mucho más matizadas de lo que inicialmente parecen. Recuerdo que, en otro coloquio con visitantes de la entonces República alemana del Este, en vísperas de la caída del muro de Berlín, señaló, ahora en Gijón, que en “nuestras academias” se hablaba de Historia del Arte como si esto supusiera la anulación del artista como individuo o persona. Le recordé con mi disconforme intervención en el coloquio que en “nuestras academias” no se hablaba de ninguna Historia del Arte sin nombres. Sorprendentemente, Bueno admitió mi observación.

Cuando le saludé a la salida del acto, me explicó que su posición era circunstancial, porque era lo que se solía hacer en aquellas situaciones, y pidiendo disculpas anticipó que me contestaría en otro momento. Quedé sorprendido por su explicación, y comprendí que había aspectos de su dialéctica que no estaba entendiendo. ¿Necesitaba yo ampliar mi mirada? En realidad, siempre la estuve ensanchando. ¿Es la actividad misma del pensar la que nos impulsa fuera de la oscura caverna que es no saber lo que hacemos o debemos hacer? ¿Tenía Bueno varios referentes iniciales que debía ir modulando según circunstancias?

Con el tema del artista, otros desarrollan una posición totalmente contraria y quieren valorar como un absoluto la singularidad del artista creador. Es un planteamiento que tampoco comparto. En la posición del Dinamorfismo Filosófico se advierte una doble polaridad en las formas como “forma-formante y forma-formada”. Esta doble polaridad de la forma que se cumple también en las personas no oscurece al percibir la consistencia del artista. Dicho escuetamente, ésta es mi posición actual sobre el tema.

Texto: Guillermo Menéndez de Llano.

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