miércoles, 30 de septiembre de 2020

Cruz de caídos en campos de exterminio.

Vista general del Valle de los Caídos, donde sigue enterrado el dictador Francisco Franco. Fotografía de archivo.

El cuerpo (para muchos, “inmortal”) del fascista Francisco Franco, que asoló con su golpe militar la última democracia verdadera que ha tenido este país, desde entonces merecedor del calificativo de Ezpañistán, debería ser enterrado, como la alimaña que demostró ser, en una olvidada cuneta, no cara al sol, sino cara a la mierda.

Si no hay justicia, ni memoria histórica para quienes defendieron legítimamente la genuina nación democrática, nacida de la voluntad popular, que sí la haya para quien condenó a oprobio, exilio, tortura y muerte a los auténticos y honestos patriotas de la España tricolor. Esa que aún se nos hurta, mientras gobiernos como el socialista de Guadalcanal, municipio de la Sierra Norte sevillana, impone la Medalla de Oro de la Villa a la Virgen de los Dolores.

Ni Carmen Polo lo hubiera hecho mejor. Con medallas de estas y con las olímpicas salvamos a Ezpañistán de los peligros del chavismo bolivariano. Oremos y procesionemos para redimir los pecados de los perroflautas.

Texto: Miguel Aramburu.

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