Nuevas revelaciones becquerianas.

Glorieta de Bécquer (detalle), ubicada en el parque de María Luisa, Sevilla. Fotografía: Antonio Marín Segovia.

Entre los libros raros que siempre hay en la biblioteca de cada uno y que muchas veces desconoces cómo llegó hasta ahí, acabo de leer “Abdallah. Aziz y Aziza”, una novela de reminiscencias árabes, escrita por el francés Édouard Laboulaye y traducida nada menos que por Gustavo Adolfo Bécquer, lo que le da un aire de exotismo a la obra. Además, el texto incluye doce rimas inéditas del poeta y narrador sevillano.

Pero Bécquer no es sólo el traductor, sino también el ilustrador del libro, junto a su hermano Valeriano y creo que su trabajo sintetiza perfectamente el espíritu de la obra, que en su última edición ha contado con el aval de la mítica editorial Reino de Cordelia.

Se trata de una serie de historias muy simples, pero de indudable filosofía árabe en las que los buenos suelen serlo en demasía y los malos también. Tiene cierto aire a “Las mil y una noches”, pero, contrariamente a lo que podría parecer, los relatos no tienen un final feliz, sino todo lo contrario. Parece ser que el autor utiliza los preceptos del Corán para hacer ver que musulmanes y cristianos forman parte del mismo género humano, incluso les da a sus personajes una relevancia de esta última religión. A mí me gustó, pero el contenido de los relatos es ciertamente simple. Cómo llegaron los hermanos Bécquer al proyecto es un misterio para mí, igual que las narraciones de Sherezade.

Texto: Vicente Bernaldo de Quirós.

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