sábado, 26 de septiembre de 2020

Enid Blyton que no te conozco.

Retrato de Enid Blyton con sus hijas, Gillian e Imogen (1949). Fotografía: George Konig.

Cuenta Antonio Orejudo en su última novela, “Los cinco y yo” (Tusquets Editores, 2017), que mientras nuestros hermanos mayores crecieron teniendo como referentes literarios a William Faulkner o a James Joyce, los del boom demográfico, los que nacimos entre el 64 y el 75 del pasado siglo, nos tuvimos que conformar con las aventuras de “Los Cinco”. Éramos demasiado niños o no natos para Mayos del 68, para correr delante de los grises, demasiado jóvenes para vivir La Movida madrileña y demasiado mayores para plantar la tienda de campaña un 15M cualquiera.

No fueron sólo Los Cinco, también estaban Los Hollister, Alfred Hitchcock y los tres investigadores, Guillermo Brown, vivimos nuestra propia aventura dudando entre ir a la página 56 o a la 14, leímos a escondidas los libros de Esther o de Puck de nuestras hermanas o primas; no fuera a ser que pensaran que… Nos queríamos hacer mayores entre acantilados y pasadizos secretos, queríamos vivir aventuras en libertad, queríamos tener un tío con una chatarrería, comer pastel de carne y beber zarzaparrilla o cerveza de jengibre. Lo más parecido a soñar lo encontrábamos en aquellas páginas.

Texto: Rafa Gutiérrez Testón.

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