viernes, 14 de diciembre de 2018

Erase que se ERA, la vida de nuestros mayores.

La importancia de cuidar cada día mejor a nuestros mayores es esencial. Fotografía de archivo.

Los cuidados de nuestros mayores (todavía no sé porqué tuve el prejuicio de no escribir viejos, si lo son) es una de las conquistas de la sociedad actual, a pesar de que es muy distinta la forma con que se les trata a cómo se les trataba. Por eso es importante que esos cuidados se produzcan en un marco adecuado que garantice su eficacia y el bienestar de ese colectivo.

Como el paso del tiempo se ha ampliado considerablemente la edad media de vida del ser humano, hay que buscar alternativas claras y progresistas al cuidado de los octogenarios y nonagenarios que abundan en nuestras ciudades y en muchas casas de los pueblos. Aunque mantener a los mayores en sus hogares es deseable, aunque vivan solos, las necesidades de hoy en día, el estrés consumista de la sociedad y las incompatibilidades personales aconsejan, en muchas ocasiones, más veces de las que quisiéramos, ingresar a los ancianos en residencias geriátricas para mejorar su calidad de vida y no sólo para librarnos de su presencia.

En Asturias existe un organismo llamado ERA (Establecimientos Residenciales de Ancianos) de titularidad pública y que es el que se encarga de dar cobijo y asistencia a muchas personas mayores de edad que tienen pocas posibilidades de permanecer en su hogar. Tiene carácter público, pero pocas plazas y la lista de espera para acceder a uno de los centros existentes es muchísimo más larga que la propia vida de alguno de los solicitantes.

El ERA, además, padeció una serie de incongruencias en la gestión de sus establecimientos, curiosamente en el mandato de algunos consejeros de Servicios Sociales del Partido Socialista: que favoreció más a los intereses privados del sector que a la propia titularidad pública. Todo el mundo conoce que el cuidado de la denominada “tercera edad” es un negocio goloso para muchos empresarios, ya que con una inversión relativamente escasa se puede obtener un beneficio mensual muy considerable.

Todos estos factores a los que hay que añadir alguna disidencia sindical interna, que puso en brete el modelo de geriátricos públicos, dificultaron el desarrollo del ERA en los términos que son precisos para un Estado de bienestar avanzado y propio de gobiernos de índole progresista y favorecieron que el cuidado de los ancianos estuviera más influido por cuestiones mercantilistas que meramente humanas o de devolución a los mayores de las plusvalías que generaron a lo largo de su existencia.

Por eso considero que es más que necesario poner orden en el ámbito de la geriatría pública: desarrollar con más firmeza el aspecto público de los cuidados, atendiendo, además, a los objetivos filosóficos de la inconsistente en su cumplimiento Ley de Dependencia y arrinconar a su justo término la iniciativa privada en el mundo de las residencias de ancianos.

Es posible que este planteamiento requiera tiempo y, sobre todo, dinero, pero los impuestos juegan un papel fundamental en la redistribución dineraria autonómica y estatal, y la creación de más centros públicos para atender a los viejos es una prioridad creciente, dadas las expectativas de supervivencia que se manejan. El ERA tiene que cumplir su papel de adalid del sector público gerontológico. Y desde esa perspectiva, toda inversión que se ponga en marcha desde el ámbito administrativo es poca.

Texto: Vicente Bernaldo de Quirós.

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