Especulación financiera a fondo perdido.

La niña sin miedo frente al toro embistiendo de Wall Street, Nueva York. Fotografía de archivo.

Una de las consecuencias de la crisis (estafa) de 2008 ha sido la desaparición en la práctica de la banca pública y de la semipública, aduciendo los gobiernos de las multinacionales que era la causante de la pésima gestión de esas entidades financieras para permitir un mayor nivel de usura en los grandes bancos privados. España no podía ser una excepción y todavía hay paniaguados articulistas que tratan de vendernos la moto y de culpar a las cajas de ahorros del desastre que supuso la quiebra de las entidades especulativas de Estados Unidos.

Las razones son muy variadas, pero siempre con el norte puesto en que el control político de las instituciones financieras, lejos de fiscalizar la gestión, la entorpecen y la prostituyen. Seguro que has oído (leído) más de mil veces que la presencia de políticos o consejeros elegidos por las instituciones democráticas habían sido la causa principal del desplome de las cajas de ahorros. En el fondo se trata de un desprecio absoluto hacia la política de la mayoría, con los mismos prejuicios hacia los partidos que tenía el general Franco, cuando decía aquello de “haga lo que yo, no se meta en política”.

Lo cierto es que la banca privada mal gestionada es mucho peor que la pública y al final lo terminan pagando los contribuyentes y sacando burdos beneficios las aves carroñeras de las instituciones de crédito. Como si los chanchullos del Banco de Valencia (ahora en juicio) o del Banco Popular (del que algunos extrajeron un suculento Botín) fueran también responsabilidad de los partidos y de la democracia.

En Asturias, no hay excepción posible. Liberbank (la antigua y querida Caja de Ahorros de Asturias) tiene como principal accionista un fondo buitre de origen británico, que junto con otros capitales sucursalistas cuenta con el 40% del capital. Como se trata de inversores a los que el riesgo no les gusta y tienen como hoja de ruta la máxima de ganar dinero a espuertas en el tiempo más breve posible, podemos entender el mamoneo de la dirección y su nula sensibilidad para con la capacidad productora de Asturias y con las empresas y particulares que crean riqueza.

Forma parte ya de la nostalgia de los ancianos el recuerdo de los tiempos en que el compromiso de Cajastur con la industria y la economía asturiana era un hecho y el banco servía para financiar proyectos que crearan empleo y que supusiesen la expansión de nuestras firmas empresariales.

Claro que esta deriva tiene nombres y apellidos en nuestra comunidad autónoma, complementarios de los que mintieron para vaciar de contenido las cajas en la derecha financiera. Supongo que os acordareis de cuando Javier Fernández, el actual presidente, era el hombre de los recados del hoy corrupto José Ángel Fernández Villa, y le quiso disputar la hegemonía política a Vicente Álvarez Areces y nombró con el inestimable apoyo del Partido Popular, siempre pendiente de sacar tajada, a Manuel Menéndez como director de la Caja de Ahorros de Asturias.

A lo largo de su trayectoria, Menéndez demostró que era una arribista sin conciencia y que los intereses de Asturias se la traían floja, pendulona y botafumeira y maniobró en todos los frentes posibles para hacer una carrera en el ámbito bancario de horizontes ilimitables y un salario acorde con su ambición personal. De aquellos polvos, estos lodos.

Soy un ferviente partidario de la banca pública con control de los poderes institucionales y cierta ética en la política crediticia y en el trato a los clientes. Porque, además, nos permitiría poder colaborar con el desarrollo de Asturias, que tanto sufre por los intereses de una oligarquía que no invierte ni en papel higiénico. Y también porque nuestros préstamos y nuestro dinero no terminaría a fondo perdido ni en los bolsillos de los grandes especuladores. Pero para eso es necesario expulsar a los fondos buitres del Consejo de Administración, cambiar las reglas del juego y que los grandes proyectos de Asturias tengan al dinero de todos como su norte financiador. ¿Será posible? No lo sé, pero, al menos, es lo deseable.

Texto: Vicente Bernaldo de Quirós.

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