Garantía de páginas amargas.

Detalle de la portada del libro de Lara Moreno “Piel de lobo”, publicado por la editorial Lumen.

Me pregunto de qué quiere cursar baja Lara Moreno. O sea, arrastrará con su hombro esbelto las mismas distancias y tropiezos que el resto, pero hay algo en ella (traslúcido a su obra, obvio; de su obra se ha venido a hablar aquí, de “Piel de lobo” en concreto) que me inquieta. Ya es decir.

¿De qué cursar baja cuando uno parece firmemente instalado en un escenario, contexto generacional? No, claro; diremos que la prosperidad profesional es sólo un sudario, una media máscara enfrentada al momento social póstumo; que el acarreo de experiencias es anterior (hoy sólo podemos ponerlo encima de la mesa y mirarlo, diseccionarlo, estudiarlo como se estudia una filigrana) y que en Lara Moreno es rico en sustos. A lo mejor me equivoco.

No he dejado de escribir nunca que el que dice con susto, dice más, y dice mejor; una lámina desde la que vulnerarse uno mismo y desde la que ir desmontando piezas de aparato manufacturado: la queremos. Y es este el regusto amargo que no he desmontado un segundo el tiempo que ha durado la lectura. “Adaptación a la violencia”, “violencia en gerundio, sostenida”, son dos nociones de que hemos participado mi cabeza y yo, con inopinado gusto. Por supuesto violencia normalizada, matizada por un entorno de apología del bienestar y la familia. Violencia “sana”.

Pero no se pueden cegar las fuentes.

Así, a partir de una reflexión actual sobre su propia infancia y vida (el tiempo narrativo se desdobla), la autora, restando de la fórmula toda alusión a la estructura social de los personajes (no hay más que manejo afectivo en la novela, lo cual a mi entender es un plus; prefiero que no me lleven de la mano de puerta a puerta), se confiesa, en clave de revisión personal, pero no sólo; clarifica además que la confesión propia procura la confesión del conjunto, la confesión familiar en este caso, un cuerpo indisoluble.

Los contornos borrosos de un desamor, la deriva de una mujer y su hijo, las mentiras que se camuflan durante años. Las formas posibles de abandono, en un tono confesional y poco indulgente, es el principal tema que aborda el texto, desde mi punto de vista (abandono de la pareja, de la hermana, de la madre). La certeza de que las huidas conocidas son garantía de páginas amargas.

Pero la tentativa de abordar los porqués. Y de evitar el autoengaño.

Texto: Martín Parra.

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