Guillaume Depardieu, la vida a toda velocidad.

Portada del álbum de Guillaume Depardieu “Post Mortem”, publicado en 2013. Fotografía: Nicolas Guerin.

Aún resuenan en mi memoria los ecos del turbio paso de Guillaume Depardieu por el Festival de Cine de Gijón en 1999, edición en la que fue premiado como mejor actor por “Pola X”, del cineasta frances Léos Carax.

“No soy ni seré nunca amado, es una elección. Estoy profundamente decepcionado. Por primera vez en mi vida se me quita una felicidad legítima y Dios sabe cuán importante es esta palabra para mí. Os quiero. A pesar vuestro”, decía en un comunicado el enfant terrible del cine francés tras su expulsión del Festival por su comportamiento irrespetuoso y desagradable, además de los graves destrozos en la habitación del hotel donde estaba hospedado junto a su novia.

La actriz Pilar Punzano, compañera de reparto en el filme de Miguel Santesmases “Amor, curiosidad, prozak y dudas”, después de la muerte del díscolo vástago del célebre Gérard Depardieu al contraer un virus que le causó una pulmonía fulminante, dijo de él que era igual que El Principito de Saint-Exupéry. No tenía filtros, como los niños. Sí muchas cicatrices, por fuera y por dentro. Y una visión excepcional para el cine.

Con su primer gran trabajo “Todas las mañanas del mundo”, del realizador Alain Corneau, fue candidato al premio César en 1991 al mejor actor revelación por su encarnación del compositor Marin Marais, personaje que en su edad tardía interpretaría su propio padre Gérard. Dos años después compitió en la misma categoría con “Blanco conmovedor”. Y finalmente logró el galardón en 1996 con “Los aprendices”, de Pierre Salvadori.

En 2007 volvió a encadenar estrenos y rodajes: “La duquesa de Langeais”, “Versailles”, “De la guerra” o “Stella” (premio al mejor guion en la 46 edición del FICXixón), “Circuit fermé” y “L’Enfance D’l Care”.

Tocado por la fama y la personalidad de su padre, Guillaume tuvo una juventud rebelde marcada por las drogas y el alcohol. Padre e hijo se reconciliaron en 2003. Ese mismo año, se le amputó la pierna derecha por una infección que contrajo en una de sus diecisiete operaciones a las que tuvo que ser sometido por un accidente de moto en 1995.

El joven actor de 37 años, fallecido en Garches el 13 de octubre de 2008, adoraba a su padre. “Siempre ha sido mi ídolo”, reconocía en una ocasión. “Mi sueño era llegar a ser tan grande como él, aunque era imposible”.

Texto: Xosé Mon González.

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