viernes, 18 de septiembre de 2020

La droga de las apuestas deportivas online.

Desde el móvil, la tableta o el ordenador, ya no hay excusa para no apostar. Fotografía de archivo.

No puedo ver un partido de fútbol cómodamente sin que te invada una casa de apuestas deportivas informándote de las posibilidades que tienes de ganar un buen pellizco, si juegas con su marca a ver quién vence en un encuentro de máxima rivalidad y, lo que es peor, ofreciéndote dinero para que puedas engancharte a un vicio que cuesta a los adictos una enorme cantidad de dinero y lo que es todavía peor, te atrapa como si fuera la peor de las drogas.

De un tiempo a esta parte, desde que la liberalización de los mercados permite que las casas de apuestas invadan tu televisor y no te dejen ni respirar en los descansos de los encuentros, tratando de seducirte con una oferta inmejorable para determinar quién marcará el próximo tanto tras el intermedio, o quién lanzará el primer saque de esquina en la segunda parte… No te libra nadie y únicamente un férreo control mental impide que te enganches a un modo absurdo de perder dinero porque aquí, como en la vida misma, siempre gana la banca.

La importancia de las casas de apuestas (existen seis o siete en el mercado de las llamadas grandes) es tan evidente que hasta financian cadenas de televisión o clubes de fútbol, a cambio de que sus estrellas se involucren en el mensaje de convencer a los ciudadanos de que jueguen una mínima cantidad para satisfacer sus ansias de enfrentarse al mundo. Son apuestas de poco dinero, pero de muchas veces y no sólo te preguntan por el resultado del clásico, sino también por el número de saques de banda que hará efectivo cada bando, etcétera.

Hasta un club que quedó campeón de la UEFA Champions League dispone de una casa de apuestas deportivas que actúa como si fuera su sucursal, a pesar de que llevó en su camiseta esponsorizada hace un par de temporadas el nombre de otra empresa especializada. Es la forma de ganar un dinero rápido y más o menos seguro a costa de la idolatría de muchos jóvenes, y de algunos que no lo son tanto, por los héroes del momento.

La cantidad de dinero que se mueve en el mundo de las apuestas es astronómica y cuando hay tanta “pasta” de por medio se sospecha de todo el mundo, resultados, penaltis, árbitros, y ascensos y descensos. No está vetado a nadie la posibilidad de jugar, aunque sea el apostante un profesional de este mundillo deportivo. Y eso genera, no sólo suspicacias, sino muchísima inquietud.

Y esta circunstancia, siendo grave, no es la más peligrosa. Gran cantidad de aficionados a las apuestas están atrapados por su adicción y han perdido casa, familia y trabajo, como consecuencia de esta nueva forma de drogadicción, que engancha por sus emociones y ha sustituido a otras formas de deterioro del ser humano, como el alcohol o los estupefacientes. Los estudios que empiezan a salir a la luz sobre este particular son alarmantes.

Creo que es hora ya de atajar el problema y encarar una forma de adicción que con el pretexto de jugar unos euros al deporte mayoritario de la sociedad, embarca a muchas personas en aventuras tenebrosas y en absoluto fáciles de solventar. No se trata de prohibir las apuestas. Podría ser contraproducente. Se trata de poner remedio a un peligro que, de no afrontar con sinceridad, puede mutilar psíquicamente a un porcentaje elevado de nuestra juventud. Y no sólo de ese segmento de edad. Aquí, la rapidez es un triunfo.

Texto: Vicente Bernaldo de Quirós.

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