viernes, 18 de septiembre de 2020

Me siento bien, ¡gay, libre y feliz!

Rupert Everett y Julia Roberts en “La boda de mi mejor amigo”, del director Paul John Hogan. Fotografía de archivo.

“Puedo imaginarte ahí: sentada, sola, con tu vestido de color lavanda, el pelo recogido y sin probar la tarta… De pronto, una canción familiar y… te levantas de la silla con un movimiento exquisito, preguntándote, buscando, husmeando el aire como un ciervo moteado. ¿Acaso Dios a oído tu pequeña plegaria?, ¿volverá a bailar Cenicienta? Y entonces, de repente, la multitud se aparta. Y ahí está él: elegante, con estilo, radiante de carisma. Y él va hacia ti, con los andares de un gato salvaje y aunque tú acertadamente sientes que es… gay, como lo son la mayoría de solteros arrolladoramente guapos de su edad, piensas ¡qué demonios, la vida sigue! Quizá no habrá boda, matrimonio, quizá no habrá sexo, pero ¡Dios! seguro que habrá baile.” (George Downes)

Con estas palabras, el actor británico Rupert Everett ponía el broche de oro a la magistral interpretación del incondicional amigo gay de Julianne Potter (Julia Roberts) en el filme de P. J. Hogan “La boda de mi mejor amigo” (1997). Una historia con un final memorable: George, con su fulgente armadura de príncipe azul gay, rescata en el último minuto a Julianne de la aflicción que provoca el rechazo, mientras suena en el salón “I Say A Little Prayer” de Aretha Franklin.

En los años 90 del siglo pasado fui arrastrado por una espiral de cine de temática gay que me indujo a la reflexión a la vez que el metraje de cada película me procuraba un sentimiento de libertad y felicidad.

En 1998 otro George (Paul Rudd) aparecía en la gran pantalla en el largometraje “Mucho más que amigos”, del realizador Nicholas Hytner. Se trataba de una comedia romántica en la que Nina Borowski (Jennifer Aniston) se enamoraba de un joven profesor de escuela primaria. Aunque el sentimiento no es correspondido por incompatibilidad carnal, se convierten en inseparables compañeros de piso dispuestos a afrontar juntos los retos de una vida en común. Ese mismo año, Simon Bishop (Greg Kinnear) se convertía en vecino del intratable y obsesivo Melvin Udall (Jack Nicholson) en “Mejor… imposible”, del director norteamericano James L. Brooks. Finalmente, Carol Connelly (Helen Hunt) y el pequeño Verdell logran humanizar a Melvin, transformándolo en un buen hombre.

Un año antes, la vida de Howard Brackett (Kevin Kline) se desmoronaba. Howard, un profesor de instituto, descubre su homosexualidad a pocos días de su boda. “In & out”, de Frank Oz, arranca con una ficticia gala de entrega de los premios Óscar, basada en la edición en la que Tom Hanks recoge el premio al mejor actor principal por su papel en “Philadelphia”, de Jonathan Demme. Hanks dedica unas palabras de agradecimiento a un profesor gay de su adolescencia.

Por último, Clint Eastwood firmó la adaptación al cine de la novela de John Berendt “Medianoche en el jardín del bien y del mal”, consiguiendo una ambientación, un ritmo narrativo y una dirección excelsa; con un relato que indaga en el fondo de una sociedad que vive de sus buenas apariencias. En el reparto participaron Kevin Spacey, John Cusack, Jude Law y la siempre enigmática Brenda Dale Knox.

Todos estos filmes tienen algo en común que los hacen imprescindibles, muestran la homosexualidad como una opción sexual más, y al gay como lo que es: un ser humano con pleno derecho a sentir y amar con libertad, como el resto del mundo.

Texto: Xosé Mon González.

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