jueves, 24 de septiembre de 2020

Pasividad ante la mayor tragedia de la Tierra.

En la imagen, un orangután hembra y su cría en la profunda selva. Fotografía: Fundación Borneo Orangutan Survival.

Tengo muy claro que cuando llegue el día en el que se nos pase la consumistoide fiebre mascoteril, nos daremos cuenta de cuánta naturaleza salvaje, de cuánta vida silvestre y de cuánto paraíso hemos dejado perderse, acaso irremisiblemente, por pura estupidez.

Estamos llegando al apocalíptico punto de no retorno para salvar el planeta y aun así seguimos más irresponsables que nunca. Y mientras, los Estados Unidos arden, padeciendo en sus propias carnes el altísimo precio a pagar por ser el país más contaminante y agresivo con la madre tierra.

A modo de ejemplo: una investigación señala que los proveedores de aceite de palma de la multinacional procesadora de alimentos Mondelēz International, Inc. han destruido en dos años casi 25.000 hectáreas de hábitat del orangután. En total, veintidós proveedores de la marca con sede en Illinois han acabado con 70.000 hectáreas de selva virgen.

No, no hace falta incendiarles la fábrica a los de Oreo, basta con dejar de consumir sus productos basura; por el bien propio y por la supervivencia de uno de nuestros parientes más cercanos, conmovedores e irrepetibles. ¡No seamos bestias!

Texto: Miguel Aramburu.

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