Un bolero para un mundo que se me va.

José Manuel Fajardo en la XXXII Feria Internacional del libro en Guadalajara, México. Fotografía: Susana Rodríguez.

Hay un mundo que se está yendo, en conjunto, esa vida de antes de la pandemia. Pero hay también un mundo personal que se me está yendo, un mundo de amistades, de afectos, de vivencias, que la muerte está diezmando desde antes de la llegada de este virus.

Hace tres años fallecía el escritor Antonio Sarabia, un auténtico hermano para mí. El año pasado moría el escritor Enrique de Hériz, otro amigo del alma, que había sido además el editor de Sarabia y mío cuando ambos comenzamos nuestra andadura literaria a principios de los años 90. Hace poco más de un mes murió el escritor Luis Sepúlveda, otro hermano de vida en torno al cual se nucleó un grupo de amigos que compartimos viajes, editoriales, libros, sueños, noches de alegría y discusiones infinitas. Y anoche me llegó la noticia de que Jacques Boni, el propietario y alma del mítico cabaret parisino Aux Trois Mailletz, el último cabaret bohemio de verdad de París, ha fallecido a causa del coronavirus.

En Aux Trois Mailletz transcurrieron muchas de aquellas inolvidables veladas en las que Sepúlveda, Sarabia, Alfredo Pita, Santiago Gamboa, Daniel Mordzinski y yo armamos nuestra complicidad. Allí conocí a músicos que se volvieron amigos, como la cantante Laure Préchac y el compositor Jose Reinhardt, y de esas amistades nació mi novela “A pedir de boca” y el bolero “Ayer”, que aparece en ella, cuya música compuso Reinhardt con letra mía y que fue cantado por Laure. Jacques Boni adoraba ese bolero y adoraba ver su local lleno de músicos y bailarines y escritores y gentes del mundo entero, a las que embrujaba con su sentido de la bohemia en un espacio que se volvía mágico conforme avanzaban la noche y la música y las copas y las conversaciones, hasta que nos daba el día y nos despedíamos de los artistas y de Jacques y de aquel gigante rubio serbio que hacía de portero de noche, siempre sonriente pero imponente, y al que también he sabido que se ha llevado la pandemia, con apenas 50 años de edad.

Las noches del Aux Trois Mailletz están ligadas íntimamente a la amistad de ese grupo de amigos reunidos en torno a la creatividad. Allí nacieron amoríos y libros, se sobrellevaron penas y separaciones, se compartieron esperanzas y la felicidad de nuevos amores. Se festejó la vida y el arte, que para nosotros eran inseparables. No sé qué será del Aux Trois Mailletz, ahora que su creador, su animador, su alma bohemia, Jacques Boni, ya no está. No sé qué será de nosotros, los que sobrevivimos todavía de aquel grupo, ahora que Antonio y Lucho y Enrique tampoco están. Lo que sí sé es que ese cosquilleo en las venas que hizo latir entonces a mi imaginación, esa inquietud del alma que no se conforma con la vida tal como es y que sueña y lucha por agrandarla, siguen intactos dentro de mí. Han pasado años desde aquellas reuniones asiduas en Aux Trois Mailletz, y salvo Alfredo Pita, que sigue allí, ninguno de nosotros (Gamboa, Sarabia, Sepúlveda, Mordzinski y yo) vivíamos ya en París. Algunos ya no podrán volver. Pero la vida sigue, hasta el último aliento. Porque de eso se trata. De vivir. Y dejar que el bolero de tu vida te cante por dentro.

Texto: José Manuel Fajardo.

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