Un breve apunte sobre falsedades y obscenidad.

Vista general del patio interior de La Universidad Laboral de Gijón. Fotografía: Daniel Candal.

Acabo de enviar esta respuesta a lo suscrito por un amigo en su muro de Facebook: Leo con tristeza e incredulidad (¡a estas alturas!) el comienzo de tu texto, “La Universidad Laboral tiene una historia muy negra en su origen, quiso ser una obra emblemática del franquismo en la que trabajo mucha gente en condiciones terribles y que estuvo rodeada de corrupción durante todo su desarrollo”. Todo es absolutamente falso e incluso obsceno.

Sabes que mi padre —José Marcelino Díez Canteli— formó parte del equipo de Luis Moya y llevó el peso de la dirección de las obras in situ. Por circunstancias que no vienen al caso, toda la ejecución fue objeto de causas en el Tribunal Supremo, quedando perfectamente documentada (en sentencias, en informes periciales y posteriormente en trabajos de tesis) la exquisita limpieza de las obras, nada de “condiciones terribles” de trabajo, ni trabajo esclavo ni asomo de corrupción: todo lo abonado está rigurosamente certificado y auditado.

Lejos de ser una “obra emblemática del franquismo”, el propio Franco ignoró ostensiblemente este proyecto. Nunca lo he dicho en público, pero sería muy conveniente que tu partido solicitase una auditoría neutral de todo lo relacionado con proyectos y obras de la Conversión de la Universidad Laboral en Laboral Ciudad de la Cultura. Estoy de acuerdo contigo en que se debe solicitar la calificación como Patrimonio de la Humanidad, aunque dudo mucho que la UNESCO la conceda debido a, por ejemplo, el insultante tratamiento interior y exterior de la caja escénica del Teatro, pero esto es otra historia…

Mi padre y el propio Luis Moya sufrieron en vida lo inimaginable, pese a que nadie fue capaz de acusarles de NADA. Ambos fallecieron con la amargura del daño que las calumnias les causaron. Es hora de que se restituya su honradez intachable. Y no es que lo diga yo, parte afectiva muy directa: basta con analizar la documentación publicada.

Texto: Vicente Díez Faixat.

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