viernes, 18 de septiembre de 2020

Vivir en un mundo sin Atticus Finch.

Fotograma de la película “Matar a un ruiseñor” (1962), de Robert Mulligan.

En un mundo convulso, la integridad naufraga en los mares confusos de la sociedad actual, y en la tormenta, un distrito escolar del estado de Minnesota ordena la retirada de sus programas educativos de dos clásicos de la literatura norteamericana: “Matar a un ruiseñor” y “Las aventuras de Huckleberry Finn”. La argumentación, los dos libros contienen “críticas raciales que podrían humillar a los estudiantes” [sic]. Antes, había sucedido en Virginia, Misisipi y Pensilvania.

“Es posible que oigas cosas feas en la escuela: pero haz una cosa por mí, si quieres: levanta la cabeza y no levantes los puños. Sea lo que fuere lo que te digan, no permitas que te hagan perder los nervios. Procura luchar con el cerebro para variar… Es un cambio excelente, aunque tu cerebro se resista a aprender”. (Atticus Finch)

El 12 de junio de 2003, Atticus Finch nos dejaba huérfanos: el actor californiano Gregory Peck fallecía en su casa de Los Ángeles a los 87 años. Y el mundo, injusto y resentido, aceleró un poquito más su transformación en un lugar cada vez menos apacible, y así hasta hoy, ¡oh, mundo abrupto y cruel! Al menos nos quedan las hojas del libro de Harper Lee para refugiarnos durante el vendaval; asumiendo la pérdida de la inocencia, a sabiendas de que Boo Radley será eternamente nuestro ángel protector.

Gregory Peck dijo muchas veces que su personaje en la adaptación cinematográfica de “Matar a un ruiseñor” (Robert Mulligan, 1962) fue su mejor trabajo y la película su preferida.

Tras una brillante trayectoria teatral en Broadway con obras como “The Morning Star” o “The Willow and I”, debuta en el cine con el drama “Días de gloria” (Jacques Tourneur, 1944). Con su segundo filme alcanzó el estatus de estrella: gracias a “Las llaves de reino” (John M. Stahl, 1944) consigue su primera nominación a los premios Óscar. Con el paso del tiempo se convirtió en un icono de la edad de oro de Hollywood.

A partir de 1950 trabajó en películas como “El mundo en sus manos” (Raoul Walsh, 1952), “Vacaciones en Roma” (William Wyler, 1953), o “La hora final” (Stanley Kramer, 1959). Sus mejores proyectos le llegarían a partir de los años sesenta con “El cabo del miedo” (J. Lee Thompson, 1962) y la antes mencionada “Matar a un ruiseñor”, con la que consigue el premio Óscar al Mejor Actor por su memorable encarnación del abogado Atticus Finch, que defiende a un hombre negro tras ser acusado de violación en un pueblo sureño de la América profunda y racista de la época.

Durante cincuenta años de profesión trabajó bajo la dirección de grandes cineastas, desde Alfred Hitchcock hasta King Vidor, y compartió cartel con estrellas como Audrey Hepburn, Robert Mitchum, David Niven, Anthony Quinn o James Stewart. Realizó toda clase de papeles demostrando una gran versatilidad. Otra de sus memorables actuaciones fue la del obsesivo y temerario capitán Ahab en “Moby Dick”, dirigida por John Huston en 1956.

A finales de la década de los 80 se retira del cine para dedicarse a las series de televisión y principalmente a su labor filantrópica en diferentes asociaciones humanitarias. Gregory Peck fue ante todo un actor sincero con el público, siempre preocupado por la buena elección de sus papeles.

El 14 de julio de 2015 se publicó la novela de ficción histórica “Ve y pon un centinela”; aunque se presentó como una secuela de “Matar a un ruiseñor”, en realidad, se trata del primer borrador de la primera y única obra de Harper Lee, galardonada con un Premio Pulitzer en 1960.

Texto: Alex J. Santos.

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