martes, 29 de septiembre de 2020

¿Dónde coño está nuestra patria?

Parque de San Francisco en Oviedo, Asturias. Fotografía: Nacho Gonmi.

Aquí seguimos, blasfemia arriba, IBI abajo, con una teocracia poco más o menos como el Daesh.

No hace mucho, una pareja de septuagenarios pasó dos noches durmiendo en un céntrico parque de la capital de Asturias después de ser desahuciados. Lástima que las miles de casas de los bancos estén impunemente vacías.

Sobrevivieron de niños a la Guerra Civil (cruzada nazionalcatólica), a la dictadura franquista —que estos aciagos tiempos parecen querer hacer buena—, a la falsa democracia que aún nos ocupa, pero los darwinistas e implacables tiempos neoliberales que corren de: “la ley del más fuerte” y el “sálvese quien pueda”, los han orillado a un banco del parque. Que no se confíen, tampoco allí son bien recibidos.

Cada vez me da más ascazo esta patria ezpañistaní de la que, se supone, he de sentirme orgulloso, sí, o sí. Dice el refrán: “Quien no quiere que hables es quien te pisa”. Ya sabemos que en Ezpañistán se pueden hacer todas las barbaridades menos cagarse en dioses improbables. Y cuando esto ocurre, los believers creen que es en el “suyo”. ¡Tarados! ¡Cagondiós!

Así que mientras la peor secta del planeta mangonee el país, el progreso seguirá siendo sólo el de ellos. Luego nos venden la caridad. No os extrañe que se descojonen de nuestra estulticia. De modo que… ¡Viva Ezpañistán! Y que sigamos tolerando que los peores la lleven, y a nosotros con ella, a la mierda más absoluta.

Texto: Miguel Aramburu.

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